PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR
Introducción a la serie de artículos para el año 2026
Willie A. Alvarenga
Este es el primer boletín del año 2026, en el cual se introduce una nueva serie de artículos que abordarán el tema de las prácticas que lastiman la iglesia del Señor. En la portada principal del año, los artículos tratarán de manera breve algunos de los retos que enfrentan nuestros jóvenes en la actualidad. Ambos temas deberán ser examinados cuidadosamente a la luz de las Escrituras y, al mismo tiempo, considerados con seriedad en nuestros corazones, evaluando su importancia y aplicación en nuestra vida cristiana.
En lo personal, expreso mi más sincero agradecimiento a todos los hermanos y hermanas que, durante el año 2025, tomaron el tiempo para leer y reflexionar sobre los artículos incluidos en el boletín semanal. También agradezco a quienes respondieron al boletín de la semana pasada y se acercaron para compartir sus comentarios y sugerencias. Gracias por mostrar un interés genuino en su crecimiento espiritual. Lamentablemente, no todos los cristianos muestran esta misma disposición para crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios (2 P. 3:18). Mi oración constante es que este no sea el caso con la iglesia aquí en Brown Trail. Como predicador, hermano en Cristo y siervo de todos, mi deseo es siempre lo mejor para cada uno de ustedes, y que su crecimiento espiritual glorifique a Dios por medio de sus vidas.
Durante este año, mi intención es escribir acerca de ciertas prácticas que tienen el potencial de lastimar a la iglesia del Señor. El propósito de esta serie es ofrecer una especie de “vacuna espiritual” que nos ayude a no contaminarnos con actitudes, conductas o enseñanzas que puedan dañar la iglesia y la obra que buscamos realizar para la gloria de Dios. A través de estos artículos aprenderemos cuáles son esas prácticas y qué podemos hacer para ser más que victoriosos sobre todo aquello que pueda afectar negativamente a la iglesia por la cual nuestro Señor Jesucristo dio Su vida en la cruz del Calvario.
Cada miembro del cuerpo de Cristo tiene la responsabilidad de cuidar la obra del Señor. Las consecuencias de dañar o destruir el Cuerpo de Cristo son sumamente serias. Esto lo vemos claramente en 1 Corintios 3:16-17, donde el apóstol Pablo escribe:
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”
Que Dios nos ayude a nunca adoptar prácticas que tengan el potencial de lastimar o destruir Su obra.
Cada artículo contará con aproximadamente 550 palabras, y, con la ayuda de Dios, todo este material será compilado en un libro al final del año. Damos gracias a Dios porque ya contamos con tres libros titulados “Meditando en las Escrituras”, correspondientes a los años 2023, 2024 y 2025, los cuales contienen todos los artículos publicados en el boletín de la congregación. Estos libros están disponibles en la página de internet de la iglesia.
Hermanos, les ruego que oren por mí, para que al preparar estos artículos pueda hacerlo conforme a la voluntad de Dios, enseñando siempre con fidelidad a Su Palabra (Tit. 2:1; 1 P. 4:11).
PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR
La actitud pecaminosa Diótrefes
Willie A. Alvarenga
En la tercera carta del apóstol Juan, específicamente en los versículos 9 y 10, se presenta un claro listado de actitudes pecaminosas manifestadas por un individuo llamado Diótrefes. El texto inspirado declara lo siguiente:
“Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace, parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se los prohíbe, y los expulsa de la iglesia”.
A la luz de este pasaje, se puede identificar un conjunto de actitudes que estaban causando un daño significativo a la iglesia del Señor.
En primer lugar, se observa un amor desmedido por la preeminencia. A Diótrefes le agradaba ocupar el primer lugar entre los hermanos. Esta actitud contrasta directamente con la enseñanza de Jesucristo, quien exhortó a Sus discípulos a no imitar el modelo de liderazgo del mundo (Mr. 10:42-45). El Señor enseñó que la verdadera grandeza se manifiesta en el servicio humilde, recordándonos que Él mismo vino para servir y no para ser servido. El deseo de preeminencia inevitablemente conduce a actitudes que perjudican la armonía y la edificación de la iglesia.
En segundo lugar, se evidencia un rechazo claro y deliberado de la autoridad apostólica. Diótrefes se atrevió a rechazar al apóstol Juan, lo cual implica, en esencia, un rechazo de la Palabra de Dios. Juan fue designado apóstol por Jesucristo; por lo tanto, rechazar su autoridad equivalía a rechazar la autoridad del mismo Señor. Aquellos que adoptan una actitud similar a la de Diótrefes tienden a menospreciar la autoridad de las Escrituras y a hablar no conforme a la sana doctrina, sino según sus propios pensamientos y opiniones (1 P. 4:11; Tit. 2:1).
En tercer lugar, se puede notar una conducta pecaminosa caracterizada por el uso indebido de la lengua. El verbo “parloteando” implica la idea de denigrar, calumniar o hablar maliciosamente. La Biblia Textual emplea la expresión “denigrándonos con palabras maliciosas”; la versión Dios Habla Hoy dice: “anda contando chismes y mentiras contra nosotros”; mientras que la Nueva Traducción Viviente afirma: “y sus infames acusaciones contra nosotros”. Estas expresiones dejan claro que Diótrefes violó los principios bíblicos relacionados con el buen uso del lenguaje, los cuales condenan toda palabra corrupta, maliciosa o dañina (Ef. 4:29, 31; Mt. 12:36-37; Col. 4:5-6).
En cuarto lugar, se observa una marcada falta de hospitalidad hacia los hermanos. El texto indica que Diótrefes no los recibía, lo cual puede referirse tanto a la negativa de ofrecer hospitalidad en su hogar como al rechazo de aceptarlos en la congregación. Las Escrituras exhortan repetidamente a los cristianos a practicar la hospitalidad (Rom. 12:13; Heb. 13:2). Al negarse a hacerlo, Diótrefes transgredía la autoridad divina y contribuía al daño espiritual de la iglesia. Además, el texto señala que prohibía a otros hermanos recibirlos, reflejando una actitud controladora y divisiva que aún hoy se manifiesta cuando algunos se oponen a que los hermanos cultiven relaciones sanas dentro de la iglesia.
Finalmente, Diótrefes fue culpable de abuso de autoridad al expulsar de la iglesia a aquellos hermanos que no compartían su mentalidad pecaminosa. Usó su influencia de manera indebida para imponer su voluntad, provocando un grave daño a la obra del Señor. Tal conducta es completamente contraria a los principios del liderazgo bíblico.
El apóstol Juan estaba dispuesto a confrontar y reprender este tipo de actitudes que perjudican la iglesia de Cristo. De igual manera, los cristianos de hoy deben estar siempre preparados y dispuestos a señalar y corregir conductas pecaminosas que dañan la causa del Señor. Nunca se deben tolerar tales actitudes, sino promover aquellas que Dios enseña claramente por medio de Su santa y perfecta Palabra.
PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR
La actitud pecaminosa de Himeneo y Fileto – Apostasía y trastorno de la fe
(2 Timoteo 2:16-18)
Willie A. Alvarenga
En este artículo se abordará el tema de Himeneo y Fileto, dos personajes mencionados por el apóstol Pablo, quienes fueron responsables de causar daño a la iglesia del Señor. Pablo escribió lo siguiente acerca de ellos:
“Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos” (2 Tim. 2:16-18).
A través de este pasaje se pueden identificar los pecados cometidos por estos hombres, los cuales perjudicaron la iglesia del Señor. Es necesario que el pueblo de Dios evite caer en prácticas semejantes.
En primer lugar, se observa la desobediencia a la Palabra de Dios al apartarse de ella. Pablo señala que Himeneo y Fileto “se desviaron de la verdad”. El verbo “desviaron”, en tiempo aoristo, indica una acción completa en el pasado y significa descarriarse, perder el camino o apostatar. Al desviarse de la Palabra de Dios, abandonaron la fidelidad que Dios merece y dejaron de ser un apoyo espiritual para la iglesia. La expresión “la verdad” se refiere al cuerpo de la doctrina de Dios que debe ser respetado y obedecido. La conducta de estos hombres presenta un mal ejemplo y ejerce una influencia negativa sobre los demás, ya que existe el riesgo de que otros hermanos sigan el mismo camino, causando perjuicio a la iglesia.
En segundo lugar, Himeneo y Fileto trastornaron la fe de algunos creyentes. Enseñaban falsamente que la resurrección ya se había efectuado, lo que provocó confusión y debilitamiento de la fe en Cristo. La palabra “trastornada” denota derribar, destruir o arruinar las convicciones del corazón. Estos hombres no consideraron el daño espiritual que causaban a la comunidad de creyentes. La enseñanza de falsa doctrina está prohibida por la Palabra de Dios, la cual enfatiza que solo debe enseñarse la sana doctrina (Tit. 2:1; 2 Tim. 1:13; 1 P. 4:11; 2 Jn. 9-11).
La conducta de Himeneo y Fileto es un ejemplo claro de cómo la apostasía y la falsa enseñanza pueden dañar la iglesia. Su desobediencia y tergiversación de la verdad provocaron trastornos en la fe de los hermanos y pusieron en riesgo la integridad espiritual de la comunidad. Por ello, los cristianos deben permanecer firmes en la sana doctrina, obedecer la Palabra de Dios y cuidar de no ser instrumentos de confusión o división en la iglesia. La fidelidad a la verdad y la protección de la fe de los hermanos son esenciales para la salud y crecimiento de la obra del Señor.
PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR
Las mentiras y la mala influencia de Ananías y Safira
(Hechos 5:1-11).
Willie A. Alvarenga
La historia de Ananías y Safira ha quedado marcada en los primeros años de la iglesia del Señor como una seria advertencia contra la práctica de la mentira. Este relato muestra cómo un matrimonio decidió trabajar unido, no para honrar a Dios, sino para mentirle a Él, al Espíritu Santo y al apóstol Pedro acerca del precio por el cual habían vendido una heredad (Hch. 5:3–4, 9). Ambos se pusieron de acuerdo para engañar (Hch. 5:2, 8), y la Escritura revela cómo los dos fueron castigados por causa de su pecado.
La Biblia enseña claramente que Dios no se complace en los labios mentirosos (Prov. 12:22) y que las consecuencias eternas de la mentira son terribles (Ap. 21:8, 27).
¿De qué manera perjudicaron Ananías y Safira a la iglesia del Señor? A continuación, consideremos un aspecto fundamental.
Ananías y Safira fueron culpables de dar un mal ejemplo a la iglesia. Su mal ejemplo se manifiesta en la forma en que ambos se pusieron de acuerdo para practicar la mentira contra Dios, el Espíritu Santo y el apóstol Pedro. Lamentablemente, hoy también pueden existir matrimonios que se prestan para engañar juntos a los hermanos de la iglesia, poniéndose de acuerdo para mentir en diversos asuntos de la vida espiritual.
Este matrimonio mintió de tal manera que probablemente la iglesia pensó que ellos eran fieles y muy generosos con la obra del Señor, cuando en realidad no lo eran. Tal actitud no agrada a Dios. Los matrimonios cristianos deben trabajar unidos para dar un ejemplo fiel que anime a otros a practicar la verdad y no la mentira.
La iglesia se dio cuenta de este pecado, y no solo los hermanos, sino también “todos” (Hch. 5:5, 11). Estos pasajes sugieren que el pecado de Ananías y Safira fue notorio tanto dentro como fuera de la iglesia. Su infidelidad llegó a ser conocida aun por los no cristianos. La Biblia exhorta al pueblo de Dios a ser luz y buen ejemplo para todos (Mt. 5:16), pero este no fue el caso con ellos.
Los matrimonios hoy deben cuidarse de no perjudicar la obra del Señor con un mal ejemplo, ya que esto puede ser piedra de tropiezo para los hermanos y una mala imagen ante los que no son cristianos.
Póngase a pensar en esta historia: aun los jóvenes de la iglesia tuvieron trabajo extra por causa del pecado de Ananías y Safira. Ellos tuvieron que sacar y sepultar sus cuerpos (Hch. 5:6, 10). Esos jóvenes pudieron haber usado su tiempo en evangelizar o en servir de manera positiva en la obra del Señor, pero tuvieron que ocuparse de las consecuencias del pecado de otros.
Hermanos, Dios no se agrada cuando el cristiano perjudica la obra del Señor. Por eso, debemos practicar la fidelidad en todo tiempo y alejarnos de la mentira y del mal ejemplo. Que Dios nos ayude a nunca unirnos para el error, sino siempre para la verdad y la fidelidad.