Artículos Bíblicos/Bible Articles 2025

Artículos Bíblicos publicados por Willie A. Alvarenga para la iglesia de Cristo en Brown Trail 2023

Libro digital PDF completo de los artículos 2023

Artículos Bíblicos publicados por Willie A. Alvarenga para la iglesia de Cristo en Brown Trail 2024

Libro digital PDF completo de los artículos 2024

Artículos Bíblicos para jóvenes 2025

Los siguientes artículos serán dirigidos al tema del crecimiento espiritual de la iglesia para el a˜õ 2025. Es mi oración que les sea de gran ayuda espiritual. Se concede permiso para aquellos que deseen incluir algún artículo en el boletín semanal de la congregación donde se reúne.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

El mandamiento de crecer espiritualmente

Willie A. Alvarenga

Crecer en el Señor como Cristiano no es una opción, sino un imperativo del Señor. Uno de estos imperativos se encuentra en 2 Ped. 3:18, donde el verbo “crecer” se encuentra en tiempo presente, modo imperativo. Básicamente, el escritor dice que crecer espiritualmente es una acción continua que debe realizarse todo el tiempo. Además, nos informa que esta es una directiva divina de parte de Dios. Como tal, el pasaje no puede interpretarse como una cuestión opcional, sino imperativa que debe ser obedecida. Al estudiar el Nuevo Testamento, podemos aprender cómo Dios espera y ordena a su pueblo que sobresalga en su crecimiento espiritual. Este es el caso por varias razones que se enumerarán en este breve artículo:

Dios ordena crecer espiritualmente porque…

  1. A través de nuestro crecimiento espiritual, podemos servir y dar el honor y la gloria que Dios se merece (1 Pedro 4:11; Juan 15:8).
  2. A través de nuestro crecimiento espiritual, podemos excedernos en nuestro conocimiento Bíblico (2 Timoteo 2:15; 2 Pedro 3:18).
  3. A través de nuestro crecimiento espiritual, podemos ser un gran ejemplo para los demás (1 Cor. 11:1; Fil. 3:17; 1 Tim. 4:12).
  4. A través de nuestro crecimiento espiritual, podemos imitar la vida de Jesús (1 Pedro 2:21-22).
  5. A través de nuestro crecimiento espiritual, podemos trabajar diligentemente en el Reino de Dios y lograr mucho (1 Cor. 15:10, 58).
  6. A través de nuestro crecimiento espiritual, podemos llegar a tantas almas como sea posible con el poderoso Evangelio de Cristo (Juan 15:8; Marcos 16:15-16; 1 Cor. 9:16; Hechos 8:4).
  7. A través de nuestro crecimiento espiritual, podemos ser diligentes en nuestros esfuerzos por crecer en lo que debemos añadir a nuestras vidas (2 Pedro 1:5-11; Gálatas 5:22-23).
  8. A través de nuestro crecimiento espiritual, podemos superar cualquier dificultad en la vida (Santiago 1:3-4; Col. 1:24; Hechos 16:25).
  9. A través de nuestro crecimiento espiritual, podemos fortalecer nuestro amor por nuestra familia espiritual (Juan 13:34-35; Fil. 2:1-30).
  10. A través de nuestro crecimiento espiritual, podemos comprender mejor la voluntad de Dios para nuestras vidas (Efesios 5:17; Romanos 12:2; Col. 1:9).

¡Todas estas cosas maravillosas podemos lograr en nuestras vidas si simplemente obedecemos a Dios y Su mandato de crecer espiritualmente! Recuerde, estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo por correr la carrera cristiana. Si necesita ayuda para lograr su crecimiento espiritual, háganoslo saber y estaremos encantados de ayudarle. ¡A Él sea la gloria ahora y por siempre! Amén.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

El significado del crecimiento espiritual

Willie A. Alvarenga

¿Qué significa realmente crecer espiritualmente en el Señor? Esta es una pregunta fundamental, y la Biblia nos ofrece una respuesta clara y profunda. El verbo “crecer” proviene del término griego auxánete, que denota el concepto de aumentar, extenderse o expandir en alcance, ya sea en actividades o estados (Louw & Nida, 59.62). Este término es utilizado en varios pasajes Bíblicos relacionados con el crecimiento espiritual (por ejemplo, 2 Pedro 3:18; 1 Pedro 2:2; Efesios 2:21, entre otros). Aplicado al crecimiento espiritual, implica que el Señor espera que cada creyente avance en su vida cristiana.

Si los cristianos no comprenden el significado del crecimiento espiritual, es probable que no se esfuercen por alcanzarlo. Por lo tanto, es crucial reflexionar sobre lo que implica crecer espiritualmente en el Señor. A continuación, exploramos lo que significa verdaderamente este crecimiento:

¿Qué significa crecer espiritualmente en el Señor?

  1. Recordar constantemente el mandamiento de crecer (1 Cor. 15:58).
  2. Examinarnos a nosotros mismos (2 Cor. 13:5).
  3. Reflexionar sobre los medios necesarios para el crecimiento espiritual  (2 Ped. 1:5-11).
  4. Evitar la indiferencia y la apatía (Ap. 3:15-16; Marcos 12:30; Mateo 6:33).
  5. Hacer más de lo esperado (Filemón 21; 1 Cor. 15:10).
  6. Fortalecer a la iglesia mediante el servicio fiel (Ef. 4:11-16).
  7. Significa que los cristianos mantendrán continuamente sus ojos en el Señor y seguirán Su ejemplo (2 Ped. 2:21-22).
  8. Imitar a aquellos que han demostrado un crecimiento espiritual genuino (1 Cor. 4:16; 11:1; Fil. 3:17; 3 Juan).
  9. Buscar continuamente la ayuda de Dios en oración para pedir sabiduría (Santiago 1:5-6).
  10. Ser más activos en el servicio al Señor (Heb. 5:11-14).

Crecer espiritualmente en el Señor es un mandato que involucra todos los aspectos de nuestra vida cristiana. Si trabajamos en estas áreas, estaremos cumpliendo con el propósito de crecimiento que Dios desea para nosotros. A medida que cada creyente se esfuerza por crecer espiritualmente, la iglesia se fortalece, y juntos podemos lograr grandes cosas para el Señor.

Recuerda, ¡tenemos todo lo necesario para crecer! Aprovechemos esta oportunidad para avanzar en nuestra relación con Él y en nuestro servicio a Su obra. Dios les bendiga. 

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Formas prácticas de cómo lograr el crecimiento espiritual

Willie A. Alvarenga

¿Cuáles son algunas formas prácticas y desafiantes de lograr el crecimiento espiritual que Dios quiere que experimentemos? Recuerde que nuestro crecimiento espiritual le dará a Dios el honor y la gloria que merece. En consecuencia, permítame animarle a considerar en oración las siguientes formas de crecer espiritualmente.

Formas prácticas de crecer espiritualmente:

1. Desarrollar una mentalidad enfocada en el crecimiento espiritual (Fil. 3:12-15; Col. 1:9-10; Fil. 4:8-9).

2. Dedicar tiempo calidad a las disciplinas espirituales (Mateo 6:33; 2 Pedro 1:5-11; Romanos 12:9-21).

3. Amar profundamente la Palabra de Dios (Sal. 119:97).

4. Amar y obedecer a Dios sinceramente (Marcos 12:30).

5. Cultivar constantemente la perseverancia (1 Pedro 4:16; Santiago 1:2-4).

6. Enfocarse en las bendiciones del crecimiento (Fidelidad, dedicación, compromiso, etc.).

7. Fortalecer la iglesia a través del crecimiento espiritual (Fil. 1:21-26).

8. Los cristianos deben trabajar duro para imitar aquellos ejemplos Bíblicos de hijos fieles de Dios que manifestaron un gran crecimiento espiritual (1 Cor. 4:16; 11:1; Fil. 3:17; 3 Juan 11).

9. Trabajar arduamente en permitir que el fruto del Espíritu controle sus vidas (Gálatas 5:22-23; 2 Pedro 1:5-11).

10. Evitar el pecado diligentemente (Heb. 12:1-2).

11. Ser constantes en la adoración de cada semana (Heb. 10:24-25).

12. Crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios (Colosenses 3:16; 2 Pedro 3:18; 2 Timoteo 2:15).

13. Trabajar arduamente en animar a otros a crecer (Heb. 10:24).

14. Recordar la relación cercana entre la salvación y el crecimiento espiritual (Mat. 7:21; Heb. 5:8-9).

15. Practicar todas las cosas mencionadas en este breve artículo y cualquier otra razón que le ayude en su crecimiento espiritual (Santiago 1:22-25).

El crecimiento espiritual es posible para todos los hijos de Dios. Sin embargo, ¡ese crecimiento debe ser profundamente deseado! Qué el Señor nos ayude a tomarnos el tiempo para orar por nuestro crecimiento espiritual y hacer algo nosotros mismos al respecto. ¡Dios está dispuesto a trabajar con Su pueblo, pero solamente si existe una disponibilidad de obediencia para hacerlo! Dios les bendiga. 

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Cultivemos compasión por las almas perdidas

Willie A. Alvarenga

Una de las áreas más importantes en las que los cristianos deben crecer es en desarrollar compasión por las almas perdidas de este mundo. Aunque se habla frecuentemente de diversos temas espirituales, a menudo se descuida la importancia de aprovechar nuestras oportunidades para participar en la evangelización personal. Reflexionemos sobre cómo podemos profundizar en nuestra compasión por las almas perdidas y, a su vez, fortalecer nuestra misión evangelística.

Formas prácticas para crecer en el evangelismo personal:

  1. Imitar la compasión de Jesús por las almas perdidas (Mateo 9:36-39). Jesús vio a las multitudes como ovejas sin pastor y sintió un profundo amor y preocupación por ellas.
  2. Obedecer el mandato de orar por más obreros (Mateo 9:38). Pidamos al Señor que envíe más siervos dedicados a la cosecha espiritual.
  3. Recordar la seriedad de no tener compasión (1 Corintios 9:16). Reflexionemos en la letra del himno: “Nunca me hablaste a mí de Él”, como un llamado a actuar con urgencia.
  4. Estudiar diligentemente la Palabra de Dios (1 Pedro 3:15; 2 Timoteo 2:15; 2 Pedro 3:18; Colosenses 3:16). Una preparación sólida nos permite responder a preguntas sobre la salvación y otros temas espirituales.
  5. Amar a Dios profundamente y obedecerle (Marcos 12:30). Este amor genuino se reflejará en nuestro deseo de compartir el evangelio.
  6. Convertirnos en evangelistas tras ser evangelizados (Marcos 16:15; Mateo 28:18-20). Todos los cristianos están llamados a compartir las Buenas Nuevas.
  7. Utilizar todos los medios disponibles para compartir el evangelio (Facebook, YouTube, sitios web, tratados Bíblicos, DVD, etc.). Seamos creativos en cómo alcanzamos a los demás.
  8. Invertir recursos para alcanzar a los perdidos (por ejemplo, invitaciones a comidas, Biblias, materiales de estudio bíblico). Las inversiones para el Reino tienen un impacto eterno.
  9. Acercarnos intencionalmente a las personas para compartir el mensaje de salvación (Juan 4; Hechos 8 y 16).
  10. Participar en capacitación evangelística (Mateo 4:19; Marcos 1:17; Lucas 5:10). Clases especiales y recursos como “Casa en Casa” pueden ser de gran ayuda.
  11. Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Marcos 12:31; Romanos 10:1). Este amor nos motiva a actuar por el bienestar espiritual de otros.
  12. Hacer de la evangelización una práctica diaria (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15; Hechos 8:4). La constancia produce frutos abundantes.
  13. Dar fruto para la gloria de Dios (Juan 15:1-8). Una vida fructífera es testimonio de nuestra fe activa.
  14. Atender a los visitantes en los servicios de adoración. Salúdelos, invítelos a comer, ofrézcales ayuda durante el servicio, y hágales sentir bienvenidos.
  15. Practicar estos principios constantemente (Lucas 11:28; Santiago 1:22-25). La obediencia es clave para el crecimiento espiritual.

Si ponemos en práctica estos consejos, no solo fortaleceremos nuestra vida espiritual, sino que también contribuiremos al crecimiento numérico y espiritual de la iglesia para la gloria de Dios. Que el amor por las almas perdidas nos impulse a cumplir con esta labor sagrada.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en nuestro conocimiento Bíblico

Willie A. Alvarenga

Una de las áreas fundamentales en las que el cristiano debe crecer es en el conocimiento de las Escrituras. Lamentablemente, muchos creyentes no han logrado avanzar espiritualmente en este aspecto. Aún existen miembros de la iglesia que, habiendo pasado años en la fe, no han crecido en su conocimiento de la Palabra de Dios. Esta situación recuerda lo que ocurrió en el contexto del libro de Hebreos. En el capítulo 5, el escritor menciona a aquellos cristianos que, a pesar de los años, aún no habían llegado a ser maestros de la Palabra. Esto no puede seguir siendo el caso. Cada miembro de la iglesia debe proponerse, en su corazón, el firme deseo y la acción de crecer en el conocimiento de las Escrituras. 

¿Qué puede hacer el cristiano para crecer en su conocimiento bíblico?
A continuación, se presentan principios prácticos que, al ponerlos en acción, pueden fortalecer al cristiano en su conocimiento de la Palabra de Dios:


Para crecer en el conocimiento Bíblico, el Cristiano debe…

  1. Reconocer que no ha obedecido al mandamiento de crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios (2 P. 3:18; Col. 3:15).
  2. Reconocer en su corazón la importancia de dedicar el tiempo suficiente para leer la Palabra de Dios (1 Ti. 4:13; Sal. 1:2).
  3. Reconocer en su corazón la importancia de familiarizarse profundamente con la voluntad de Dios (Ef. 5:17).
  4. Reconocer buscar ayuda cuando no entienda ciertas porciones de la Biblia (Hch. 8:30-35).
  5. Reconocer la importancia de estar presente para todas las lecciones que se presentan en la congregación donde se reúne (Heb. 10:25-26).
  6. Reconcoer la importancia de aprender cómo manejar con precisión la Palabra de Dios (2 Tim. 2:15).
  7. Reconocer la importancia de orar a Dios para pedirle la sabiduría y el entendimiento necesario (Stg. 1:5-7; Sal. 119:18).
  8. Reconcoer la importancia de imitar los buenos ejemplos de aquellos que se preocuparon por crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios (Esdras 7:10).
  9. Reconocer lo esencial de tener un profundo amor por la Palabra de Dios (Sal. 119:97).
  10. Reconocer la importancia de memorizar diligentemente las Escrituras (Sal. 119:9, 11, 16).
  11. Reconocer la importancia de ser un hacedor de lo que se aprende, y no tan solamente un oidor (Stg. 1:22-25; Lc. 11:28).
  12. Reconcer la importancia de las herramientas que puedan ayudar a entender la Palabra de Dios (e.g., comentarios, diccionarios, libros de referencia, léxicos, etc.)

Todo lo anterior puede ser de gran ayuda para que el cristiano crezca en el conocimiento de la Palabra de Dios. Es vital que no permitamos que nuestra vida espiritual se estanque. Al poner en práctica estos principios, podremos ser más efectivos en nuestra relación con Dios y en el cumplimiento de Su voluntad. ¡Qué Dios les bendiga abundantemente en este camino del crecimiento espiritual!

Todo esto puede ayudar al Cristiano a crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios. Todo esto puede ayudarle a no “estancarse” en lo espiritual. Conocer muy bien la Palabra de Dios ayudará al pueblo de Dios a no ser engañado con las falsas enseñanzas que en la actualidad se presentan.  

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en nuestra vida de oración

Willie A. Alvarenga

La práctica de la oración es fundamental para el crecimiento espiritual del cristiano. A lo largo de las Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, encontramos a grandes hombres y mujeres de fe que fueron ejemplo de una vida de oración constante. Su devoción en la oración fue, sin duda, un factor clave en su madurez espiritual. Todos estaríamos de acuerdo en que su relación con Dios a través de la oración les permitió fortalecer su fe y profundizar en su caminar con Él. Cualquier miembro del cuerpo de Cristo que se comprometa a cultivar una vida de oración alineada con la voluntad de Dios, experimentará un crecimiento profundo y podrá convertirse en un instrumento firme y fuerte en el Señor. Con esto en mente, a continuación se presentan algunas formas prácticas de cómo podemos crecer en nuestra vida de oración.

Para crecer en nuestra vida de oración, el cristiano debe:

Obedecer el mandato de orar a Dios (Mt. 6:9-15; 1 Tes. 5:17). Estos textos, entre otros, muestran que la oración no es opcional, sino un mandato divino que debemos cumplir con fidelidad.

Reconocer la necesidad de orar constantemente (Col. 4:2; Rom. 12:12). El crecimiento en la oración solo es posible si la practicamos de manera continua y perseverante. La oración debe convertirse en una constante en nuestras vidas.

Acercarse a Dios con un corazón humilde (Lc. 18:9-14). En la parábola del fariseo y el publicano, vemos dos actitudes de corazón. Cultivar un corazón humilde es clave para tener una vida de oración que sea verdadera y efectiva.

Recordar los ingredientes esenciales de una oración aceptable (Mt. 6:9-15). Estos son: (1) Oración dirigida al Padre (v.9), (2) Oración que glorifica a Dios (v.9), (3) Oración que se somete a la voluntad de Dios (v.10), (4) Oración que pide por nuestras necesidades físicas y espirituales (vv.11-12), (5) Oración que ruega por la protección divina (v.13), (6) Oración que reconoce el poder de Dios (v.13).

Reconocer la importancia de la obediencia para que nuestras oraciones sean contestadas (Jn. 9:31; 1 Jn. 3:22). La obediencia a Dios abre la puerta a respuestas de oración. Si vivimos en desobediencia, nuestras oraciones se verán obstaculizadas.

Orar siempre con fe (Stg. 1:5-7). La oración debe ir acompañada de plena confianza en que Dios escucha y responde. La fe es un componente esencial en nuestra vida de oración.

Examinar la vida de oración de los grandes personajes Bíblicos (Dan. 6:10; Mr. 1:35; Mt. 26:36-46; Hch. 20:36-38). Los ejemplos de oración en la vida de figuras como Daniel, Jesús y los apóstoles nos enseñan cómo orar con profundidad y pasión.

Reconocer que sin Dios nada podemos hacer (Jn. 15:5; 2 Cor. 3:4-5; Fil. 4:13). Comprender esta verdad fundamental nos ayuda a depender de Dios en todo, reconociendo que nuestra fuerza y éxito solo provienen de Él.

Recordar la confianza que tenemos al acercarnos a Dios (Heb. 4:16). Como cristianos, tenemos el privilegio de acercarnos con valentía al trono de gracia, sabiendo que encontramos misericordia y ayuda en tiempo de necesidad.

Practicar la oración en familia (Josué 24:15). Fomentar una vida de oración familiar fortalece nuestra relación con Dios y nos ayuda a enseñar a las nuevas generaciones la importancia de la oración.

Por lo tanto, pidamos a Dios que nos ayude a crecer en nuestra vida de oración. Es esencial aprovechar al máximo esta bendición de poder comunicarnos con Dios todo el tiempo que se desee. 

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en nuestra vida de devoción a Dios

Willie A. Alvarenga

El Diccionario General de la Lengua Española define el sustantivo “devoción” como el sentimiento de profundo respeto y admiración que se inspira por la dignidad, virtud o méritos de una persona, institución o causa. Para el cristiano, la devoción debe ser un pilar fundamental en su vida, especialmente si desea crecer en su relación con el Señor. El crecimiento espiritual no es posible sin devoción. Si esta se ausenta en la vida del hijo de Dios, su progreso en la fe se verá limitado. Pero, ¿qué puede hacer un cristiano para cultivar este profundo respeto y admiración hacia Dios? A continuación, se presentan algunos principios clave que pueden ayudar a fomentar la devoción en la vida de todo siervo de Dios.

Para cultivar una devoción profunda a Dios, el cristiano debe…

Conocer a fondo quién es Dios. Cuanto más entendemos quién es Dios, mayor respeto y admiración sentimos por Él. Dios es el Creador de los cielos y la tierra, el Todopoderoso, el Omnipresente y el Omnisapiente. Es Él quien, por Su gracia y misericordia, nos ama y nos salva. Reflexionar sobre estos atributos profundiza el respeto y la devoción del cristiano hacia Él.

Conocer a fondo quién es el Hijo de Dios, Jesucristo. Jesucristo es el Hijo de Dios, quien, por amor, vino a este mundo para morir por nosotros (Juan 3:16). Él nos salvó de nuestros pecados (1 Jn. 2:2) y es nuestro ejemplo supremo. Conocerle más a fondo nos permite cultivar una devoción más profunda hacia Él, Su causa y Su Padre.

Conocer a fondo quién es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la tercera persona de la Deidad. Fue Él quien guió a los santos hombres de Dios a escribir la Biblia (2 P. 1:20-21). El Espíritu Santo mora en el cristiano (1 Cor. 6:19-20), fortaleciéndolo a través de Su Palabra para que pueda servir fielmente a Dios. Nadie puede desarrollar una devoción genuina a Dios sin conocer al Espíritu Santo.

Conocer profundamente la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es inspirada por Él (2 Tim. 3:16) y nos capacita para toda buena obra (2 Tim. 3:17). Es el consejo divino que nos guía por el buen camino (Sal. 119:24) y nos enseña a no pecar contra Él (Sal. 119:9, 11). La Escritura revela la voluntad de Dios y es la lámpara que nos ilumina en el camino (Sal. 119:105). Cuanto más conocemos la Palabra de Dios, mayor será nuestra devoción y compromiso con Él.

Aplicar la Palabra de Dios a la vida diaria. No basta con conocer la Palabra de Dios; es crucial aplicarla a nuestra vida cotidiana. Todo cristiano que no tome en serio esta aplicación tendrá dificultades para desarrollar una devoción auténtica que realmente agrade a Dios. Por ello, el cristiano debe ser un hacedor de la Palabra (Stg. 1:22-25; Lc. 11:28).

Tomar muy en serio su compromiso con Dios. No puede haber verdadera devoción sin un compromiso serio, como el del apóstol Pablo, quien expresó: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21). El cristiano debe servir fielmente a Dios, mostrando con sus acciones que tiene una devoción sincera por Él y por Su causa.

Reconocer la importancia de la oración. Cuanto más se ore, más devoción se tendrá hacia Dios. Pasajes como 1 Tes. 5:17, Col. 4:2 y Heb. 4:16 nos llaman a orar constantemente. La oración es vital para mantener una relación estrecha con Dios y fortalecer nuestra devoción hacia Él. A través de la oración podremos glorificar a Dios y expresar nuestra profunda gratitud por todo lo que ha hecho por mí.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en nuestra asistencia fiel a los servicios de la iglesia

Willie A. Alvarenga

El escritor a los hebreos nos enseña lo siguiente: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25). La expresión “no dejando de congregarnos” está en tiempo presente participio, lo que implica que esta acción debe realizarse de manera constante y progresiva. Existen varias razones para esto: (1) Es un mandato de Dios para Su pueblo, (2) Esta práctica contribuye al crecimiento espiritual de los creyentes, y (3) Al reunirnos, nos estimulamos mutuamente al amor y a las buenas obras (Heb. 10:24). Ignorar estas razones crea un obstáculo espiritual que dificulta el crecimiento que Dios desea para Su pueblo.

Lamentablemente, en algunas iglesias de Cristo, encontramos a cristianos que no han demostrado un compromiso serio con la asistencia regular a los servicios de la iglesia. Muchos dan prioridad a las cosas del mundo, en lugar de poner a Dios en primer lugar. Las Escrituras nos exhortan a poner a Dios en primer lugar (Mt. 6:33; Col. 3:1-4; Fil. 1:21).

Cada vez que un cristiano falta a los servicios, se priva de lo siguiente: (1) Obediencia a Dios (Mt. 6:33), (2) Estimulación al amor y las buenas obras (Heb. 10:24), (3) Adoración a Dios en espíritu y en verdad (Jn. 4:23-24), (4) Ser un buen ejemplo para los demás, especialmente para la familia (1 Tim. 4:12; Mt. 5:16), (5) Crecimiento en el conocimiento de la Palabra de Dios (2 P. 3:18; Col. 3:16; Oseas 4:6; Isa. 5:13).

Perderse de estos preciosos privilegios y bendiciones puede llevar a una debilidad espiritual, e incluso poner en riesgo la salvación eterna del creyente.

Por lo tanto, el cristiano debe recordar su compromiso con Dios y esforzarse al máximo por mantener la disciplina de asistir regularmente a los servicios de adoración. No hay nada más importante que crecer espiritualmente, ya que si lo logramos, Dios será glorificado y nuestra salvación estará segura. Así que, se recomienda al cristiano seguir estas pautas para un crecimiento espiritual saludable:

  • Proponer en su corazón no faltar ni llegar tarde a los servicios de adoración
  • Reconocer que nada es más importante que cumplir los mandamientos de Dios
  • Entender que la adoración no solo glorifica a Dios, sino que también fortalece nuestra fe
  • Cultivar un deseo profundo de estimular a nuestra familia espiritual al amor y a las buenas obras
  • Recordar que faltar a los servicios cuando se tiene la oportunidad de asistir pone en peligro nuestra salvación.

Mis amados hermanos, procuremos no caer nunca en el pecado de descuidar nuestra  asistencia a los servicios de la congregación, para que nuestro crecimiento espiritual no se vea comprometido. Cuando caemos en este error, nos alejamos gradualmente de Dios, y corremos el riesgo de llegar a un punto de no retorno. Dios merece toda nuestra fidelidad. Si tan solo seguimos fielmente lo que Él nos ha mandado, estoy convencido de que podemos lograrlo.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en nuestra lectura diaria de las Escrituras

Willie A. Alvarenga

La lectura diaria de la Biblia ha sido una práctica realizada durante miles de años. Aquellos que dedican tiempo a la lectura buscan profundizar en su conocimiento de la Palabra de Dios. En Nehemías 8:8 leemos: “Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura”. También, a Josué se le dijeron estas palabras: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8). Estos pasajes nos muestran ejemplos de aquellos que leyeron y entendieron la Palabra de Dios, y nos invitan a seguir su ejemplo. Además, el apóstol Pablo dijo a Timoteo: “Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4:13). Con esta exhortación en mente, se anima a todos los creyentes a considerar los siguientes consejos para crecer en la lectura diaria de las Escrituras.

Comience con una oración. Al iniciar su tiempo de lectura, pida a Dios sabiduría y comprensión para entender Su Palabra. También ore por la motivación para mantener la disciplina y el compromiso en su lectura.

Reconozca que la Biblia es accesible para su lectura constante. Muchos piensan que leer toda la Biblia es una tarea imposible, pero este no es el caso. La tarea de leer y meditar en la Palabra de Dios es alcanzable, como lo fue para tantos personajes en las historias bíblicas.

Comprométase a hacer tiempo para leer la Biblia cada día. No se trata de “encontrar” el tiempo, sino de hacer de la lectura de la Biblia una prioridad en su vida diaria.

Sea constante en su lectura. Iniciar la lectura de la Biblia es solo el primer paso. La clave está en mantener una práctica constante y disciplinada para que el hábito sea duradero y fructífero.

Lea la Biblia por la mañana. La mañana es un momento propicio para leer, meditar y retener lo que está aprendiendo. Un comienzo temprano puede ser crucial para establecer un día centrado en la Palabra de Dios.

Propóngase leer la Biblia en un año. Establezca como meta leer toda la Biblia en un año. Esta práctica le ayudará a obtener una visión completa y profunda de las Escrituras.

Mantenga el enfoque total durante su lectura. Evite distracciones. Si su mente se distrae con otros pensamientos, la lectura pierde eficacia. Dedique su atención completa a la Palabra de Dios para que pueda comprender y recordar mejor lo que está leyendo.

Aplique lo que aprende. No se limite solo a leer, sino a aplicar activamente las lecciones que Dios le está enseñando a su vida cotidiana. La aplicación práctica de la Palabra es clave para una transformación genuina.

Encuentre un lugar tranquilo y libre de distracciones. Busque un lugar en su hogar donde pueda leer sin interrupciones. Si vive en un entorno ruidoso, considere usar audífonos con cancelación de ruido para mejorar su concentración.

Al aplicar estos consejos, su hábito de lectura diaria de la Biblia crecerá de manera significativa, ayudándole a acercarse más a Dios y a vivir conforme a Su voluntad.  

Creciendo en nuestro amor fraternal

Willie A. Alvarenga

Otra de las áreas fundamentales en el crecimiento espiritual en las que los cristianos deben esforzarse diligentemente es en el amor fraternal. Este amor no es simplemente una opción dentro del proceso de crecimiento y madurez espiritual del hijo de Dios, sino un mandato divino impartido por Jesús mismo. Como discípulos, debemos estar profundamente familiarizados con Juan 13:34-35, donde Jesús nos da un nuevo mandamiento: amarnos unos a otros. La pregunta que debemos plantearnos es: ¿Cómo podemos crecer en el amor fraternal? ¿Qué debe hacer un cristiano para cultivar este amor que Dios nos ordena practicar? A continuación, se presentan algunas formas prácticas de cómo podemos avanzar en este mandato tan esencial.

  1. Obedeciendo al mandato de amar a su familia espiritual (Jn. 13:34-35).
  2. Esforzandose por amar a sus hermanos de una manera sin hipocresía (Rom. 12:9).
  3. Procurando el considerar a nuestros hermanos como superiores a nosotros mismos (Fil. 2:1-4).
  4. Imitando el ejemplo de Jesús, Timoteo y Epafrodito (Fil. 2).
  5. Procurando servir a nuestros hermanos en Cristo (Gál. 5:13).
  6. Practicando constantemente el perdón entre hermanos (Mr. 11:25-26; Col. 3:13).
  7. Procurando crecer en conocimiento de la Palabra y de la bondad para que podamos amonsternos los unos a los otros (Rom. 15:14).
  8. Procurando agradar a nuestros hermanos (Rom. 15:2).
  9. Procurando estar presente en los servicios de la iglesia para aprovechar la oportunidad de estimularnos al amor y a las buenas obras (Heb. 10:24).
  10. Practicando la generosidad entre hermanos (Hch. 2:44-46; Rom. 12:13).
  11. Practicando la oración juntos (Hch. 12:5, 12; 1 Tes. 5:17).
  12. Procurando siempre el ser prontos para oír y tardos para airarnos (Stg. 1:19-20).
  13. Procurando permitir que la Palabra de Dios transforme nuestra vida para bien (Rom. 12:1-2).
  14. Procurando desechar toda actitud que obstaculize el amor fraternal (Ef. 4:31-323 Jn. 9-10).
  15. Procurando ser un excelente ejemplo a nuestros hermanos (1 Tes. 2:7-11; 1 Tim. 4:12).
  16. Procurando reconocer siempre el buen trabajo que hacen los demás (1 Tes. 5:12-15).
  17. Procurando orar por nuestros hermanos en Cristo (Ef. 6:18).
  18. Procurando gozarnos con los que se gozan y llorad con los que lloran (Rom. 12:15).
  19. Procurando no practicar la mentira entre hermanos (Col. 3:9; Ef. 4:25).
  20. Procure buscar la reconciliación entre hermanos (Mt. 18:15-17; 5:23-24).

¿Estamos practicando estas cosas? ¿Qué tanto hemos crecido en el amor fraternal? Dios nos ayude a poner en practica este mandamiento para que juntos podamos estar en el cielo un día. 

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de gratitud al Señor

Willie A. Alvarenga

La gratitud es una práctica fundamental que puede contribuir significativamente al crecimiento y madurez espiritual del pueblo de Dios. Un corazón ingrato no puede desarrollarse plenamente ni dar la gloria que Dios merece. En la parábola de los diez leprosos (Lucas 17:11-19), se observa que, de los diez hombres sanados, solo uno regresa para expresar su agradecimiento a Jesús. Hoy en día, muchos imitan el ejemplo de los nueve que fallaron en reconocer y dar gracias por la sanidad recibida.

Como iglesia del Señor, debemos ser un pueblo agradecido, manifestando continuamente nuestra gratitud a Dios. Una de las formas en que podemos expresar este agradecimiento es viviendo fielmente conforme a Su voluntad. También debemos esforzarnos por ser agradecidos con nuestros hermanos en Cristo y con todas las personas que nos muestran bondad. A continuación, se presentan varias razones bíblicas por las que debemos ser agradecidos con Dios.

  1. Debemos dar gracias a Dios porque espera que lo hagamos (1 Ts. 5:18).
  2. Debemos dar gracias a Dios por todo (Ef. 5:20).
  3. Debemos dar gracias a Dios por Su bondad (Sal. 136:1, LBLA).
  4. Debemos dar gracias a Dios por Su reino inconmovible (Heb. 12:28).
  5. Debemos dar gracias a Dios aun en las adversidades de la vida (Job 1:21).
  6. Debemos dar gracias a Dios por los hermanos (1 Cor. 1:4; Fil. 1:3).
  7. Debemos dar gracias a Dios por medio de nuestras oraciones (Fil. 4:6).
  8. Debemos dar gracias a Dios por medio de Jesús (Col. 3:17).
  9. Debemos dar gracias a Dios para no ser como los pecadores ingratos (Rom. 1:21).
  10. Debemos dar gracias a Dios porque Su misericordia es para siempre (Sal. 118:29).
  11. Debemos dar gracias a Dios por Su don inefable (2 Cor. 9:5).
  12. Debemos dar gracias a Dios por todas Sus provisiones (Fil. 4:19).
  13. Debemos dar gracias a Dios por todas Sus bendiciones (Ef. 1:3).
  14. Debemos dar gracias a Dios por el perdón de pecados que nos ofrece (1 Jn. 1:9).
  15. Debemos dar gracias a Dios por la fortaleza que nos da en tiempos de necesidad (Fil. 4:13).
  16. Debemos dar gracias a Dios por la esperanza de vida eterna (1 P. 1:3).
  17. Debemos dar gracias a Dios por Su paciencia (2 P. 3:9).
  18. Debemos dar gracias a Dios por la familia (Ef. 5:21-6:4).
  19. Debemos dar gracias a Dios por la obra perfecta del Espíritu Santo en proveernos de las Escrituras (2 P. 1:20-21; 1 Cor. 2:14).
  20. Debemos dar gracias a Dios por la bendición de poder conocer Su voluntad a través de la Biblia (Ef. 3:4).

Trabajemos arduamente para nuestro crecimiento espiritual incluya la práctica de tener un corazón sumamente agradecido con Dios y con todos los que nos hacen el bien. 

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de dominio propio

Willie A. Alvarenga

El dominio propio es una virtud que Dios requiere que se desarrolle en la vida del cristiano. La expresión “dominio propio” aparece en textos como Hechos 24:25, donde el apóstol Pablo discute sobre la justicia, el dominio propio y el juicio venidero frente a Félix. En este pasaje, la frase se traduce a partir del griego ἐγκρατείας (egkrateías), que denota el tener o ejercer control sobre uno mismo. Esta misma palabra se encuentra en 2 Pedro 1:6, donde el apóstol Pedro exhorta a los creyentes a añadir al conocimiento el dominio propio, subrayando la importancia de esta cualidad en la vida cristiana. En ambos textos, tanto Pablo como Pedro nos llaman a vivir bajo el control de Dios en todas las áreas de nuestra vida. 

En 2 Timoteo 1:7, encontramos otra referencia al “dominio propio”, pero en este caso se traduce del griego como σωφρονισμοῦ (sofronismou), un sustantivo que denota la capacidad de tener entendimiento sobre asuntos prácticos, actuando con sensatez y buen juicio. Con este enfoque, el cristiano debe procurar cultivar y crecer en la práctica del dominio propio.

A continuación, se ofrecen razones por las cuales el pueblo de Dios debe crecer en el dominio propio:

El dominio propio obedece el mandamiento de Dios. La práctica del dominio propio es un mandato divino, como se observa en 2 Pedro 1:5-6, donde se nos insta a añadir a nuestra fe esta virtud como parte de nuestra obediencia (aoristo imperativo).

El dominio propio conduce a un comportamiento sensato y con buen juicio (2 Timoteo 1:7).

El dominio propio previene el daño a la familia espiritual (Santiago 4:17).

El dominio propio nos protege del pecado (119:11 y Santiago 1:22-25).

El dominio propio previene la inmoralidad sexual (Génesis 39:1-9; 1 Corintios 6:18).

El dominio propio controla el uso de la lengua (Santiago 3).

El dominio propio ayuda a controlar los pensamientos (Fil. 4:8).

El dominio propio nos impulsa a no descuidar el congregarnos (Hebreos 10:25).

El dominio propio previene la comunión con el pecado (Efesios 5:6, 11 y 2 Corintios 6:17).

El dominio propio fortalece nuestra fidelidad (1 Corintios 9:27).

El dominio propio nos aparta de la amistad con el mundo (Santiago 4:4; 1 Juan 2:15).

El dominio propio asegura la predicación fiel de la Palabra de Dios (Tito 2:1; 1 Pedro 4:11).

El dominio propio favorece la fidelidad familiar (Josué 24:15; Efesios 5:21-6:4).

¿Cómo se cultiva el dominio propio en la vida del cristiano? La respuesta es sencilla: (1) Deseando sinceramente obedecer a Dios en este mandato, (2) Reconociendo la necesidad de dominio propio en nuestra vida diaria, (3) Llenando nuestro corazón con la Palabra de Dios, para que transforme nuestra mente y nuestras decisiones, (4) Poniendo en práctica lo que hemos aprendido de las Escrituras, (5) Observando las bendiciones que surgen de practicar el dominio propio.

Cultivar el dominio propio no es tarea fácil, pero es alcanzable con la ayuda de Dios. A través de la fortaleza que Él provee, podemos lograrlo (1 Corintios 15:57; 2 Corintios 2:14; Filipenses 4:13).

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de santidad

Willie A. Alvarenga

Otra área fundamental en la que los hijos de Dios deben crecer es en la práctica de la santidad. Este término proviene de la palabra griega ἁγιασμός (jagiasmós), que denota una dedicación plena y leal a Dios. El término “santo” se deriva del griego ἅγιος (jágios), que hace referencia a lo que pertenece a Dios y se distingue por cualidades morales superiores. La santificación es el proceso mediante el cual Dios, a través de la obediencia al evangelio, rescata a las personas de la contaminación del pecado y las llama a un servicio dedicado y exclusivo a Él. Además, la palabra “santo” también implica ser apartado o separado del pecado. El pueblo de Dios debe esforzarse por cultivar la santidad, ya que Dios ha ordenado que el cristiano se mantenga alejado de las corrupciones del pecado presentes en el mundo (Stg. 1:26). A continuación, se presentan las razones por las cuales el cristiano debe cultivar la santidad en su vida.

El Cristiano debe cultivar la santidad porque…

  1. Sin ella no podrá ver a Dios (Heb. 12:14; Mt. 5:8; Ef. 5:25-27).
  2. Sin ella no podrá imitar a Dios (1 P. 1:15-16).
  3. Sin ella no podrá obedecer al mandamiento de Dios (1 P. 1:16).
  4. Sin ella no podrá responder al llamado de Dios (1 Ts. 4:7).
  5. Sin ella no podremos invocar el nombre de Dios (2 Ts. 2:19).
  6. Sin ella no podrá ser recibido por Dios (2 Cor. 6:17).
  7. Sin ella no podrá vivir diferente de como viven los gentiles (Ef. 4:17-20).

El Cristiano puede cultivar la santidad…

  1. Pensando siempre en la necesidad de tenerla en su vida (Fil. 4:8).
  2. Recordando el poder que tiene para practicarla (2 Tim. 1:7).
  3. Recordando las terribles consecuencias de no practicarla (Heb. 12:14; Mt. 5:8; Ef. 5:3-5).
  4. Procurando cuidar su corazón siempre (Pr. 4:23).
  5. Procurando llenar su corazón de la Palabra de Dios (Sal. 119:9, 11; Jn. 17:17).
  6. Procurando imitar a Dios siempre (Ef. 5:1-2; Jn. 8:46; Heb. 4:15).
  7. Esforzándose siempre por aplicar a su vida el fruto del Espíritu (Gál. 5:22-23).

Muchos cristianos no están esforzándose lo suficiente por cultivar la santidad en sus vidas. La falta de santidad puede afectar profundamente la obra del Señor. Por esta razón, se exhorta a todos los hijos de Dios a trabajar con seriedad en el desarrollo de su santidad. Se anima a los cristianos a reflexionar cuidadosamente sobre los consejos que este artículo ofrece para ayudarles a crecer en la dedicación y consagración que Dios merece.

Es crucial recordar las palabras del apóstol Pablo, quien, al escribir a la iglesia de Éfeso, les enseñó lo siguiente: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Ef. 5:25-27). Que sea Dios quien ayude a Su pueblo a cultivar la santidad en sus vidas, para que Él sea siempre glorificado.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de prudencia

Willie A. Alvarenga

Según los diccionarios, la prudencia es la capacidad de actuar con cuidado, sensatez y moderación, considerando las posibles consecuencias antes de tomar decisiones o realizar acciones. Esta definición también señala que la prudencia es una virtud que ayuda a evitar riesgos innecesarios y permite actuar de manera justa y equilibrada. Aquellos que carecen de prudencia en sus vidas suelen ganarse una reputación negativa y, en muchos casos, terminan perjudicando a los demás. Por esta razón, esta virtud debe ser parte integral de la vida del pueblo de Dios.

La Escritura nos exhorta a prestar especial atención a cómo nos conducimos en la vida. El apóstol Pablo escribió lo siguiente a los santos de Colosas: “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Col. 4:5-6). El adverbio “sabiamente” hace referencia a la prudencia, indicando que debemos caminar con inteligencia, conocimiento y discernimiento. El léxico Louw & Nida define este adverbio como la capacidad de comprender y, en consecuencia, actuar de manera prudente y sensata.

A continuación, se presentan diversas maneras de cultivar la prudencia en la vida del cristiano:

La prudencia se cultiva…

  1. Procurando pensar en la necesidad de crecer en ella (Fil. 4:8).
  2. Pensando en las grandes bendiciones que vienen a nuestra vida cuando la practicamos.
  3. Tomando conciencia de cómo ser imprudentes puede afectar mi reputación delante de los demás. 
  4. Prestando mayor atención a la manera de cómo expresamos la información que deseamos comunicar a los demás. 
  5. Pidiéndole a Dios sabiduría para ponerla en práctica en el diario vivir (Stg. 1:5-6).
  6. Procurando siempre imitar a los que sí son prudentes (3 Juan 11; 1 Cor. 4:16; 11:1).
  7. Pensando siempre antes de hablar (Stg. 1:19-20).
  8. Practicando la sabiduría celestial (Stg. 3:13-18).
  9. Pensando siempre en el bienestar de los demás y no el mio (Fil. 2:1-4).
  10. Procurando mantener la ventana del mejoramiento siempre abierta. 
  11. Imitando a Jesús y Su manera de conducirse delante de los hombres.
  12. Procurando aplicar a nuestra vida la Palabra de Dios para experimentar una madurez que agrada a Dios (Col. 3:16; Stg. 1:22-25).

La falta de prudencia puede llevar a una persona a perder su salvación. Por esta razón es de suma importancia que se cultive en la vida de los hijos de Dios.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de santidad

Willie A. Alvarenga

Otra área fundamental en la que los hijos de Dios deben crecer es en la práctica de la santidad. Este término proviene de la palabra griega ἁγιασμός (jagiasmós), que denota una dedicación plena y leal a Dios. El término “santo” se deriva del griego ἅγιος (jágios), que hace referencia a lo que pertenece a Dios y se distingue por cualidades morales superiores. La santificación es el proceso mediante el cual Dios, a través de la obediencia al evangelio, rescata a las personas de la contaminación del pecado y las llama a un servicio dedicado y exclusivo a Él. Además, la palabra “santo” también implica ser apartado o separado del pecado. El pueblo de Dios debe esforzarse por cultivar la santidad, ya que Dios ha ordenado que el cristiano se mantenga alejado de las corrupciones del pecado presentes en el mundo (Stg. 1:26). A continuación, se presentan las razones por las cuales el cristiano debe cultivar la santidad en su vida.

El Cristiano debe cultivar la santidad porque…

  1. Sin ella no podrá ver a Dios (Heb. 12:14; Mt. 5:8; Ef. 5:25-27).
  2. Sin ella no podrá imitar a Dios (1 P. 1:15-16).
  3. Sin ella no podrá obedecer al mandamiento de Dios (1 P. 1:16).
  4. Sin ella no podrá responder al llamado de Dios (1 Ts. 4:7).
  5. Sin ella no podremos invocar el nombre de Dios (2 Ts. 2:19).
  6. Sin ella no podrá ser recibido por Dios (2 Cor. 6:17).
  7. Sin ella no podrá vivir diferente de como viven los gentiles (Ef. 4:17-20).

El Cristiano puede cultivar la santidad…

  1. Pensando siempre en la necesidad de tenerla en su vida (Fil. 4:8).
  2. Recordando el poder que tiene para practicarla (2 Tim. 1:7).
  3. Recordando las terribles consecuencias de no practicarla (Heb. 12:14; Mt. 5:8; Ef. 5:3-5).
  4. Procurando cuidar su corazón siempre (Pr. 4:23).
  5. Procurando llenar su corazón de la Palabra de Dios (Sal. 119:9, 11; Jn. 17:17).
  6. Procurando imitar a Dios siempre (Ef. 5:1-2; Jn. 8:46; Heb. 4:15).
  7. Esforzándose siempre por aplicar a su vida el fruto del Espíritu (Gál. 5:22-23).

Muchos cristianos no están esforzándose lo suficiente por cultivar la santidad en sus vidas. La falta de santidad puede afectar profundamente la obra del Señor. Por esta razón, se exhorta a todos los hijos de Dios a trabajar con seriedad en el desarrollo de su santidad. Se anima a los cristianos a reflexionar cuidadosamente sobre los consejos que este artículo ofrece para ayudarles a crecer en la dedicación y consagración que Dios merece.

Es crucial recordar las palabras del apóstol Pablo, quien, al escribir a la iglesia de Éfeso, les enseñó lo siguiente: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Ef. 5:25-27). Que sea Dios quien ayude a Su pueblo a cultivar la santidad en sus vidas, para que Él sea siempre glorificado.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de prudencia

Willie A. Alvarenga

Según los diccionarios, la prudencia es la capacidad de actuar con cuidado, sensatez y moderación, considerando las posibles consecuencias antes de tomar decisiones o realizar acciones. Esta definición también señala que la prudencia es una virtud que ayuda a evitar riesgos innecesarios y permite actuar de manera justa y equilibrada. Aquellos que carecen de prudencia en sus vidas suelen ganarse una reputación negativa y, en muchos casos, terminan perjudicando a los demás. Por esta razón, esta virtud debe ser parte integral de la vida del pueblo de Dios.

La Escritura nos exhorta a prestar especial atención a cómo nos conducimos en la vida. El apóstol Pablo escribió lo siguiente a los santos de Colosas: “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Col. 4:5-6). El adverbio “sabiamente” hace referencia a la prudencia, indicando que debemos caminar con inteligencia, conocimiento y discernimiento. El léxico Louw & Nida define este adverbio como la capacidad de comprender y, en consecuencia, actuar de manera prudente y sensata.

A continuación, se presentan diversas maneras de cultivar la prudencia en la vida del cristiano:

La prudencia se cultiva…

  1. Procurando pensar en la necesidad de crecer en ella (Fil. 4:8).
  2. Pensando en las grandes bendiciones que vienen a nuestra vida cuando la practicamos.
  3. Tomando conciencia de cómo ser imprudentes puede afectar mi reputación delante de los demás. 
  4. Prestando mayor atención a la manera de cómo expresamos la información que deseamos comunicar a los demás. 
  5. Pidiéndole a Dios sabiduría para ponerla en práctica en el diario vivir (Stg. 1:5-6).
  6. Procurando siempre imitar a los que sí son prudentes (3 Juan 11; 1 Cor. 4:16; 11:1).
  7. Pensando siempre antes de hablar (Stg. 1:19-20).
  8. Practicando la sabiduría celestial (Stg. 3:13-18).
  9. Pensando siempre en el bienestar de los demás y no el mio (Fil. 2:1-4).
  10. Procurando mantener la ventana del mejoramiento siempre abierta. 
  11. Imitando a Jesús y Su manera de conducirse delante de los hombres.
  12. Procurando aplicar a nuestra vida la Palabra de Dios para experimentar una madurez que agrada a Dios (Col. 3:16; Stg. 1:22-25).

La falta de prudencia puede llevar a una persona a perder su salvación. Por esta razón es de suma importancia que se cultive en la vida de los hijos de Dios.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida digna de la Cena del Señor

Willie A. Alvarenga

El crecimiento espiritual continuo en el área de la Cena del Señor es una responsabilidad que todo cristiano debe considerar con seriedad. El apóstol Pablo reconoció la necesidad de exhortar a los santos en Corinto debido a la manera inadecuada en que estaban participando de esta importante ordenanza. Una de las áreas en las que estaban fallando era precisamente en la observancia digna y bíblica de la Cena del Señor.

Es importante recordar que esta conmemoración se lleva a cabo cada primer día de la semana (Hechos 20:7), y que, por tanto, debe observarse con regularidad y reverencia (cf. Hechos 2:42). La pregunta que surge es: ¿Cómo puede el cristiano crecer en una vida digna de la Cena del Señor? A continuación, se presentan algunos principios que pueden ayudar en este crecimiento espiritual.

Para crecer en una vida digna de la Cena del Señor, el Cristiano debe…

Recordar su responsabilidad de observar la Cena cada primer día de la semana.

Según Hechos 20:7, los cristianos del primer siglo hacían tiempo para participar de la Cena del Señor. No olvidaban este deber, pues comprendían que era un mandamiento del Señor y un ejemplo apostólico. Si el cristiano desea crecer en esta área, debe procurar participar fielmente de la Cena cada domingo, con un corazón dispuesto y consciente.

Participar de la Cena de una manera digna

En 1 Corintios 11:27 se nos exhorta a no participar de la Cena del Señor “indignamente”. El adverbio “indignamente” no se refiere a la dignidad personal del cristiano —pues nadie es digno en sí mismo— sino a la manera en que se lleva a cabo el acto. Participar de forma desordenada, sin reverencia o sin discernimiento del cuerpo de Cristo es observar la Cena de una forma inapropiada. Tal era el error de los corintios, quienes transformaron este momento solemne en una ocasión de desorden y egoísmo.

Mantenerse enfocado en el sacrificio de Cristo

Jesús mismo dijo: “Haced esto en memoria de mí” (1 Corintios 11:24–25). Esta frase nos recuerda que la Cena del Señor no es una rutina vacía, sino un acto de memoria profunda y espiritual. El cristiano debe enfocar su mente y corazón en el sacrificio de Cristo en la cruz, y no permitir que pensamientos triviales o distracciones le desvíen de este momento sagrado. Participar sin concentración en lo que se está haciendo es, también, una forma de observancia indigna.

Prestar atención a estos principios permitirá al cristiano crecer espiritualmente en su participación de la Cena del Señor. Debemos evitar caer en la rutina o en una actitud negligente al acercarnos a esta ordenanza divina. Dios merece lo mejor de nosotros, y nuestro crecimiento debe reflejar una vida que le glorifique en todo.

Así que, ¡manos a la obra! Procuremos crecer en esta área tan vital de nuestra vida cristiana, para que al participar de la Cena del Señor lo hagamos con reverencia, entendimiento y amor.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida diligente de estudio Bíblico

Willie A. Alvarenga

Otra área importante para el crecimiento espiritual es el esfuerzo del miembro del Cuerpo de Cristo por cultivar una vida caracterizada por el estudio diligente de la Palabra de Dios. Lamentablemente, esta es una faceta que muchos cristianos han descuidado. Resulta preocupante ver a personas que obedecieron el evangelio hace 20 o 30 años, pero que nunca han tomado en serio el compromiso de convertirse en estudiantes aplicados de la Biblia. Con esto en mente, a continuación se presentan varios principios que pueden ayudar al cristiano a desarrollarse en esta área fundamental de su vida espiritual.

Para crecer en el estudio de la Palabra de Dios, el Cristiano debe…

  • Poseer un profundo amor por Dios, ya que si este es el caso, entonces amará Su Palabra (Mr. 12:30).
  • Cultivar una actitud de profundo amor por la Palabra de Dios (Sal. 119:97, 127, 167). 
  • Hacer el tiempo para estudiar con diligencia la Palabra de Dios (2 Tim. 2:15).
  • Procurar leer las Escrituras constantemente (1 Tim. 4:13; Jos 1:8).
  • Esforzarse a lo máximo por aprender los principios prácticos de hermenéutica y exégesis Bíblica para lograr entender la Biblia correctamente (Neh. 8:8).
  • Adquirir libros de referencia Bíblica que le ayuden a entender mejor la Palabra de Dios (diccionarios de la Biblia, concordancias, comentarios confiables que explican el texto, léxicos que expliquen la gramática del texto, Antiguo Testamento en hebreo, Nuevo Testamento en griego, etc.).
  • Esforzarse por entender correctamente las enseñanzas fundamentales de la Biblia (La existencia de Dios, la Deidad de Jesús, la iglesia del Nuevo Testamento, la salvación, la adoración, etc.).
  • Prestar mucha atención a las lecciones que escucha semana tras semana (Lc. 8:18; 9:44; Lc. 2:19; Hch. 10:33).
  • Esforzarse porque su crecimiento espiritual sea conforme a la volunta de Dios (Heb. 5:11-14).
  • Cultivar una vida de oración donde le agradece constantemente a Dios por Su Palabra (1 Ts. 5:17).
  • Procurar iniciar una vida de estudio de la Palabra desde una temprana edad (2 Tim. 3:14-17).

Estas son algunas consideraciones importantes que pueden ayudar a promover un crecimiento significativo en el estudio de la Palabra de Dios. Ignorar estos principios mantendrá al cristiano estancado en el pozo de la ignorancia Bíblica. Por ello, se exhorta a todos los creyentes a tomar con la mayor seriedad posible el estudio de las Escrituras. Esfuércese por conocer lo más que pueda de la Palabra; al hacerlo, su vida obediente glorificará a Dios.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida dedicada a la memorización de las Escrituras

Willie A. Alvarenga

La memorización de las Escrituras es una disciplina espiritual que, lamentablemente, ha sido descuidada con el paso del tiempo. Sin embargo, se trata de un aspecto fundamental en el crecimiento de todo hijo de Dios. Muchos creyentes no han reflexionado lo suficiente sobre la importancia de permitir que la Palabra de Cristo habite abundantemente en sus corazones (Colosenses 3:16).

Memorizar la Palabra no consiste únicamente en acumular versículos, sino en interiorizarlos para vivir conforme a la voluntad de Dios. La verdadera meta no es solo recordar, sino obedecer. Por esta razón, a continuación, se presentan algunas razones por las cuales todo cristiano debería cultivar una vida dedicada a la memorización de las Escrituras:

  1. Dios espera y requiere que Su pueblo guarde Su Palabra en su corazón (Col. 3:16; Prov. 7:1-3; Deut. 11:18).
  2. Memorizar las Escrituras ayuda a ser entendidos de cuál sea la voluntad de Dios (Ef. 5:17).
  3. Dedicar tiempo a la memorización de las Escrituras ayuda al cristiano a vencer el pecado (Sal. 119:9, 11; Mt. 4:1-12).
  4. Guardar la Palabra de Dios en el corazón ayuda a utilizar el arma poderosa que Dios nos ha dado – La espada del Espíritu (Ef. 6:17; Heb. 4:12).
  5. Memorizar la Palabra ayuda al cristiano a estar siempre preparado para presentar una defensa (apología) de la esperanza que hay en él (1 P. 3:15).
  6. La memorización ayuda al cristiano a estar bien preparado para compartir el evangelio con las personas (Hch. 8:30-35; 1 P. 3:15).
  7. La memorización ayuda al cristiano a mostrarle a Dios que ama Su Palabra y que está dispuesto a ponerla en practica (Sal. 119:97; Jn. 14:15).

¿Cómo puede el cristiano lograr la práctica de la memorización? 

  1. Cultivando un deseo genuino de querer memorizar las Escrituras.
  2. Orando a Dios para que bendiga su deseo de querer memorizar textos.
  3. Dedicando tiempo para memorizar las Escrituras.
  4. Cultivando la disciplina necesaria para memorizar textos.
  5. Desarrollando una lista en un cuaderno de textos por temas específicos.
  6. Llevando en su bolcillo una Biblia o la lista de los textos que desea memorizar.
  7. Practique los textos que ha memorizado diariamente.
  8. Practique los textos que ha memorizado con algún amigo o familiar.
  9. Divida los textos que desea memorizar por partes.
  10. Procure no olvidar los textos que ha memorizado (Sal. 119:16).

Seguir estos consejos le ayudará a mantener la Palabra de Dios viva y presente en su corazón. Esto también le ayudará a lograr un crecimiento en esta área vital de su vida espiritual. 

Creciendo en una Vida Dedicada a la Organización Bíblica de la Iglesia
Willie A. Alvarenga

La organización Bíblica de la iglesia es la que se encuentra claramente revelada en las páginas del Nuevo Testamento. Esta estructura incluye la presencia de ancianos, diáconos y ministros que sirven a la iglesia del Señor, conforme a las instrucciones establecidas por el Espíritu Santo en las Escrituras.

Los requisitos para quienes forman parte de esta organización están detalladamente especificados. En el caso de los ancianos, estos pueden ser estudiados en pasajes como 1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9; 1 Pedro 5:1-4 y Hebreos 13:7, 17, 24. Además, el Nuevo Testamento establece claramente que debe haber una pluralidad de ancianos (Filipenses 1:1; Hechos 14:23; Tito 1:5), es decir, más de uno.

Los requisitos para los diáconos están delineados en 1 Timoteo 3:8-13. Por su parte, los ministros, predicadores o evangelistas encuentran sus estándares en las cartas de 1 y 2 Timoteo y Tito. Todos estos requisitos deben estar presentes en la vida de hombres fieles que desean o ya están sirviendo en la iglesia del Señor.

Ante esta verdad, surge una pregunta fundamental: ¿Cómo pueden los varones de la iglesia crecer en una vida dedicada a la organización Bíblica de la iglesia? A continuación, se presentan algunos principios que todo varón que ama a Dios y a Su iglesia debe considerar con seriedad, buscando siempre el bienestar espiritual de la obra del Señor:

Para crecer en una vida dedicada a la organización Bíblica de la iglesia, el varón de Dios debe:

  1. Estudiar diligentemente el deseo de Dios respecto a la organización Bíblica de Su iglesia (1 Timoteo 3:1-13; Tito 1:5-11; 1 Pedro 5:1-4; Hebreos 13:7, 17, 24; Filipenses 1:1).
  2. Anhelar profundamente formar parte de esta estructura establecida por Dios (1 Timoteo 3:1).
  3. Cultivar un deseo genuino de crecer espiritualmente, con el fin de servir en cualquiera de estas áreas (1 Corintios 15:58; Filipenses 1:1).
  4. Convencerse, a través de la Palabra de Dios, de la importancia de tener ancianos y diáconos que sirvan fielmente a la iglesia (Tito 1:9; Hechos 20:28-30).
  5. Orar fervientemente a Dios, para que Su iglesia pueda establecer esta organización conforme a Su voluntad en un futuro cercano (1 Tesalonicenses 5:17; Hechos 20:28).

La iglesia del Señor es tan valiosa que no debe permanecer por largos periodos sin buscar establecer la organización que Dios ha diseñado para ella. Los varones de la congregación deben reflexionar seriamente sobre cómo pueden contribuir a este propósito divino. De no hacerlo, el crecimiento espiritual conforme a la voluntad de Dios se verá limitado, y la iglesia por la cual Cristo entregó Su vida carecerá de la estructura que el Señor estableció en Su Palabra.

Por lo tanto, esforcémonos por crecer en una vida dedicada a la organización Bíblica de la iglesia.

Creciendo en una vida dedicada al trabajo en unidad en la iglesia del Señor

Willie A. Alvarenga

La unidad en la iglesia es un tema de suma importancia. Cada miembro del cuerpo de Cristo tiene la responsabilidad de esforzarse al máximo por mantener y fortalecer esa unidad. Un cristiano que practica la unidad contribuye a que la obra del Señor se realice conforme a Su voluntad. La unidad fortalece a la iglesia, y una iglesia fuerte será un instrumento poderoso para la gloria de Dios.

Con esto en mente, surge una pregunta clave:
¿Cómo puede la iglesia cultivar y crecer en una vida de unidad mientras trabajamos juntos en la obra del Señor?

A continuación, se presentan principios Bíblicos que nos ayudarán a alcanzar este noble propósito:

Para crecer en una vida dedicada al trabajo en unidad, el cristiano debe:

  1. Recordar que ha sido llamado a vivir en unidad (Efesios 4:1).
  2. Practicar la humildad y la mansedumbre en todo momento (Efesios 4:2).
  3. Ejercer paciencia los unos con los otros, mostrando tolerancia en amor (Efesios 4:2).
  4. Esforzarse por guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4:3).
  5. Buscar la paz con sus hermanos, siendo pacificador (Efesios 4:3).
  6. Respetar y obedecer la Palabra de Dios, que nos enseña a vivir unidos (Santiago 1:22-25).
  7. Amar a los demás como Cristo nos amó, cumpliendo Su nuevo mandamiento (Juan 13:34-35).
  8. Tener presente que la falta de unidad daña la obra del Señor (3 Juan 9-10).
  9. Recordar la oración de Jesús por la unidad de Sus discípulos (Juan 17).
  10. Imitar el ejemplo de la iglesia del primer siglo, que creció por su unidad (Hechos 2:42, 44-47; 4:32; 8:1-4).
  11. Buscar agradar a Dios antes que a uno mismo (Mateo 6:33; Marcos 12:30).
  12. Poner a los demás primero, con un espíritu de servicio (Filipenses 2:1-4).
  13. Renunciar a toda actitud de superioridad o arrogancia (Marcos 10:43-45; Lucas 18:13-14; Filemón 8-9).
  14. Orar constantemente por la unidad del pueblo de Dios (Juan 17).
  15. Reconocer que todos tenemos algo que aportar a la obra del Señor (Romanos 12:3-10).
  16. Despojarnos de la altivez y buscar la comunión con los humildes (Romanos 12:16).
  17. Gozarse al trabajar junto a otros cristianos, con alegría y gratitud (Filipenses 4:1-4).
  18. Aprender a orar en comunión con otros, como lo hizo la iglesia primitiva (Hechos 12:5, 12; 16:25).
  19. Vivir el amor fraternal que Pablo describe en 1 Corintios 13:4-7.
  20. Seguir el ejemplo de Cristo sirviendo a los demás, no buscando ser servido (Mateo 20:28).

Cuando estos principios se aplican con sinceridad y perseverancia, la unidad florece en la iglesia. Una congregación unida es una congregación fuerte y eficaz en la obra del Señor. Por eso, debemos hacer todo esfuerzo por mantenernos unidos, trabajando juntos con un mismo propósito y un mismo corazón.

¡Que el Señor nos ayude a crecer en unidad, para Su honra y gloria!

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de adoración a Dios en espíritu y en verdad 

Willie A. Alvarenga

La adoración genuina y autorizada por Dios es una de las áreas más importantes del crecimiento espiritual, y en ella todos los hijos de Dios deben esforzarse diligentemente. Adorar a Dios en espíritu y en verdad no es una opción, sino un llamado sagrado para todo cristiano.

Esto nos lleva a una pregunta fundamental:
¿Qué significa adorar en espíritu y en verdad?

Para comprender esta enseñanza, consideremos algunos puntos esenciales:

En primer lugar, se ha entendido que adorar en espíritu implica una actitud interior del corazón. Esto significa adorar con la mente y las emociones, es decir, con reverencia, respeto y profunda admiración hacia Dios. Es una adoración que fluye desde lo más íntimo del ser, guiada por el Espíritu Santo y no simplemente por rituales externos.

Por otro lado, adorar en verdad significa hacerlo de acuerdo con lo que Dios ha revelado en Su Palabra. No se trata de seguir tradiciones humanas o preferencias personales, sino de alinear nuestra adoración con la voluntad de Dios tal como Él la ha establecido en las Escrituras.

Además, algunos han señalado que “adorar en espíritu” también marca una diferencia respecto a la adoración practicada bajo el Antiguo Pacto. En el Antiguo Testamento, gran parte de la adoración era simbólica, física y ceremonial. En contraste, la adoración en el Nuevo Testamento es espiritual, centrada en la verdad revelada en Cristo. Así, la expresión “en verdad” subraya esta transición: de lo simbólico (la sombra) a lo sustancial (la realidad en Cristo).

Con estos fundamentos en mente, se presentan a continuación principios que pueden ayudar al cristiano crecer en una vida de adoración a Dios en espíritu y en verdad.

Para crecer en esta área, el Cristiano debe…

  1. Reconocer que adorar a Dios no es una opción, sino un mandamiento de parte de Dios (Jn. 4:23-24).
  2. Reconocer que adorar a Dios es algo de sublime importancia (Ap. 4:1-11).
  3. Preparar su corazón con mucha anticipación para llevar a cabo los mandamientos de Dios (Esdras 7:10; 1 P. 3:15; 1 Sam. 7:3). 
  4. Enfocarse mucho en cantar a Dios con gozo en su corazón (Sal. 100:1-3; Fil. 4:4; Hch. 16:25).
  5. Procurar prestar mucha atención a la predicación de la Palabra de Dios (Neh. 8:8; Heb. 2:1; Lc. 8:18).
  6. Procurar siempre ofrendar a Dios con un corazón generoso y alegre (2 Cor. 9:6-7).
  7. Tener un enfoque serio y genuino durante la participación de la Cena del Señor (1 Cor. 11:23-26).
  8. Mantenerse muy bien enfocado y atento a las oraciones que se dirigen a Dios (1 P. 4:7; Hch. 2:42; Mt. 26:39-44).
  9. Procurar siempre vivir fielmente delante de Dios para que su adoración sea aceptable (1 Tim. 2:8; Miq. 6:8; 1 Sam. 15:22).
  10. Finalmente, “Querer” adorar a Dios como Él manda.

CRECIENDO EN EL SEÑOR
Creciendo en una vida de perseverancia
Willie A. Alvarenga

El sustantivo “perseverancia” proviene del griego jupomoné. Según el léxico Louw-Nida (25.174), este término describe la capacidad de mantenerse firme en medio de circunstancias difíciles. Es un concepto que aparece con frecuencia en el Nuevo Testamento, utilizado por diversos autores para ilustrar la constancia y firmeza demostradas durante persecuciones y pruebas.

Por ejemplo, en Santiago 1:2-3, se exhorta a los cristianos a considerar como gozo las diversas pruebas, porque la prueba de su fe produce perseverancia. Aunque algunas traducciones, como la RVR 60, utilizan la palabra paciencia, el término “perseverancia” comunica de manera más precisa la idea de resistencia activa y constante.

Todo cristiano está llamado a crecer en perseverancia para poder terminar con fidelidad la carrera espiritual que tiene por delante (cf. Hebreos 12:1-2). La falta de perseverancia ha sido una de las causas principales por las cuales muchos han abandonado el camino del Señor. El cristianismo genuino requiere una obediencia constante y dedicada, y esto solo es posible cuando el creyente cultiva la perseverancia en su vida diaria.

Con esto en mente, consideremos algunas maneras prácticas en las que los hijos de Dios pueden crecer en perseverancia:

Para cultivar y desarrollar la perseverancia, el cristiano debe:

  1. Recordar que la perseverancia es esencial para recibir la promesa de la vida eterna
    (Hebreos 10:36; Apocalipsis 2:10)
  2. Reconocer que la perseverancia permite gloriarse incluso en medio de las tribulaciones
    (Romanos 5:3-4; Santiago 1:2-3)
  3. Comprender que la perseverancia es necesaria para correr con constancia la carrera cristiana
    (Hebreos 12:1)
  4. Imitar el ejemplo de Jesús, quien soportó con perseverancia el sufrimiento
    (Hebreos 12:1-3; 1 Pedro 2:21-23)
  5. Seguir el ejemplo del apóstol Pablo, quien resistió hasta el final con fidelidad
    (Colosenses 1:24; Hechos 21:13-14)
  6. Aprender de la iglesia del primer siglo, que en medio de la persecución continuó sirviendo a Dios
    (Hechos 8:1-4; capítulos 14 y 16)
  7. Orar constantemente, pidiendo a Dios sabiduría para enfrentar las pruebas con perseverancia
    (Santiago 1:2-6; Colosenses 1:11)
  8. Recordar que la perseverancia puede animar e inspirar a otros a mantenerse firmes en el Señor
    (2 Tesalonicenses 1:4)
  9. Fortalecerse en el conocimiento y la meditación constante de la Palabra de Dios
    (Hechos 20:32; 2 Timoteo 3:16-17; Salmo 119:28)
  10. Recordar que Dios ha dado a Sus hijos un espíritu de poder, amor y dominio propio
    (2 Timoteo 1:7)
  11. Mantener una actitud de gratitud, dando siempre la gloria a Dios, incluso en medio de las pruebas
    (Filipenses 4:20)
  12. Poner en práctica todo lo aprendido, siendo hacedores de la Palabra y no solo oidores
    (Santiago 1:22-25)

Que sea Dios quien fortalezca a Su pueblo para cultivar la perseverancia que tanto se necesita para alcanzar la meta celestial. Con esfuerzo, fe y compromiso, esta virtud puede desarrollarse, y a través de ella, Dios será glorificado en nuestras vidas.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de fe que agrada a Dios
Por Willie A. Alvarenga

En numerosas ocasiones se ha definido el término “fe”, proveniente del griego pístis. Según los léxicos del idioma original, esta palabra puede tener distintos matices dependiendo del contexto en el que se use. En algunos casos, denota una confianza total en Dios; en otros, obediencia absoluta a Su voluntad; y en ciertos contextos, hace referencia directa a la Palabra de Dios, es decir, a las Escrituras.

Cuando hablamos de una fe que agrada a Dios, nos referimos a una combinación de estos elementos: confianza plena acompañada de obediencia fiel. Este tipo de fe es la que se menciona en Hebreos 11:6: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios”. Es también la fe ejemplificada por los hombres y mujeres que aparecen en la conocida “galería de la fe” del mismo capítulo.

Lamentablemente, muchos cristianos que han obedecido el evangelio desde hace años aún no experimentan una fe genuina, viva y activa, que realmente agrade a nuestro Señor. La fe ha sido, en muchos casos, descuidada o debilitada por diversas razones.

Entonces, ¿cómo puede el hijo de Dios crecer en una vida de fe que le agrade a Dios? A continuación, se presentan algunos principios prácticos que, con la ayuda del Señor, pueden ser de bendición y guía para quienes desean fortalecer su caminar espiritual.

Para crecer en una fe que agrada a Dios, el cristiano debe:

  1. Tomar en serio el conocimiento de la fe y aprender a cultivarla
    (Romanos 10:17) – La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios.
  2. Confiar plenamente en Dios, especialmente en tiempos difíciles
    (Salmo 55:22; 34:19; 121:1-2; 91) – La confianza en Dios es puesta a prueba en la adversidad.
  3. Esforzarse por ser un obrero aprobado por Dios
    (2 Timoteo 2:15) – Estudiar y vivir la Palabra nos ayuda a no tener de qué avergonzarnos.
  4. Practicar la Palabra de Dios, no solo oírla
    (Santiago 1:22-25; Lucas 11:28; Juan 14:15) – La obediencia muestra la autenticidad de nuestra fe.
  5. Permanecer activo en la obra del Señor
    (1 Corintios 15:58; Mateo 6:33; Colosenses 3:1-4; Filipenses 1:21; 1 Corintios 15:10) – La fe se fortalece cuando estamos ocupados en lo eterno.
  6. Vivir una vida santa y consagrada a Dios
    (Hebreos 12:14; Mateo 5:8) – La santidad es evidencia de una fe viva.
  7. Pedir a Dios ayuda para vencer la incredulidad
    (Marcos 9:24) – Dios puede fortalecer al corazón que sinceramente lo busca.
  8. Rogar a Dios que aumente nuestra fe
    (Lucas 17:5) – Como los discípulos, debemos clamar: “¡Auméntanos la fe!”
  9. Buscar la compañía de personas que edifiquen nuestra fe
    (Proverbios 13:20; 1 Corintios 15:33) – Las amistades influyen en nuestro crecimiento espiritual.
  10. Imitar los grandes ejemplos de fe en las Escrituras
    (Hebreos 11) – Estos hombres y mujeres vivieron por fe, no por vista.
  11. Recordar constantemente que sin fe es imposible agradar a Dios
    (Hebreos 11:6) – Esta verdad debe motivarnos a cultivar una fe viva cada día.
  12. Acompañar nuestra fe con obras de obediencia
    (Santiago 2:17, 26) – Una fe sin obras está muerta; la verdadera fe actúa.
  13. Recordar que la fe es clave para vencer al mundo
    (1 Juan 5:4) – Nuestra victoria sobre el mundo está en nuestra fe.
  14. Tener presente que por la fe recibimos vida eterna
    (Juan 3:16) – La promesa de vida eterna está ligada a nuestra fe en Cristo.
  15. Examinarnos regularmente para ver si estamos en la fe
    (2 Corintios 13:5) – El autoexamen espiritual es esencial para no desviarnos.

Estas son algunas acciones concretas que todo cristiano puede tomar para crecer en una fe que realmente agrade a Dios. Son metas alcanzables por la gracia del Señor, pero requieren compromisodisciplina y dependencia constante de Dios.

Que el Señor nos ayude a vivir una fe viva, firme y fructífera, para la gloria de Su nombre.

Creciendo en una Vida de Pensamiento Fiel
Willie A. Alvarenga

El sabio proverbista escribió: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7). Esta poderosa afirmación nos lleva a una conclusión ineludible: nuestro carácter y comportamiento están íntimamente ligados a lo que albergamos en nuestro corazón. Jesús enseñó una verdad similar al decir: “…porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Ambos pasajes subrayan la vital importancia de los pensamientos en la vida del ser humano.

Los pensamientos definen al individuo, ya sea para bien o para mal. Por tanto, surge una pregunta crucial: ¿qué puede hacer el cristiano para cultivar una vida de pensamiento fiel a Dios? A continuación, se presentan principios prácticos que pueden ayudar al creyente a fortalecer su mente y corazón conforme a la voluntad divina:

Para cultivar pensamientos fieles, el cristiano debe:

  1. Amar a Dios sobre todas las cosas (Marcos 12:30): El amor sincero hacia Dios dirige cada pensamiento hacia lo eterno.
  2. Orar pidiendo un corazón limpio (Salmo 51:10; Hebreos 4:16): La oración es el medio para renovar la mente y resistir el pecado.
  3. Vigilar lo que entra en el corazón (Proverbios 4:23): Lo que alimenta nuestros pensamientos, moldea nuestro ser.
  4. Pensar en lo que agrada a Dios (Filipenses 4:8): Lo verdadero, justo y puro debe ocupar nuestra mente.
  5. Evitar relaciones que desvíen del camino recto (1 Corintios 15:33): Las malas compañías corrompen los buenos pensamientos.
  6. No buscar la amistad con el mundo (Santiago 4:4; 1 Juan 2:15–17; Romanos 12:2): El corazón dividido no puede ser fiel.
  7. Meditar constantemente en la Palabra (Salmo 1:1–3; Josué 1:7–9): La Escritura renueva la mente y fortalece el alma.
  8. Recordar que la victoria es posible (1 Corintios 15:57; 2 Timoteo 1:7): Con Dios, vencer los malos pensamientos es alcanzable.
  9. Considerar las consecuencias del pecado mental (Romanos 6:23): Todo pensamiento impuro conlleva consecuencias espirituales.
  10. Llenar el corazón con la Palabra (Salmo 119:9,11; Colosenses 3:16): Un corazón saturado de Escritura es un corazón protegido.
  11. Desechar todo pensamiento pecaminoso (1 Pedro 2:1–2; 2 Timoteo 2:22): Debemos limpiar la mente activamente.
  12. Practicar lo aprendido de la Palabra (Santiago 1:22–25): La obediencia fortalece el pensamiento fiel.
  13. Llevar todo pensamiento cautivo a Cristo (2 Corintios 10:5): Cada pensamiento debe ser sometido a la autoridad de Cristo.
  14. Buscar siempre lo celestial (Colosenses 3:1–6): Lo eterno debe ser el enfoque del cristiano.
  15. Reconocer el origen del pensamiento malo (Marcos 7:20–23): Identificar la raíz es el primer paso hacia la transformación.
  16. No proveer para los deseos carnales (Gálatas 5:16; Romanos 13:14): La vigilancia espiritual impide que el pecado florezca.
  17. Depender de Dios para una mente pura (Filipenses 4:13; Juan 15:5): Sin Dios, no es posible tener un corazón limpio.

Estos principios son herramientas prácticas que todo cristiano puede aplicar, especialmente cuando enfrenta la lucha contra los malos pensamientos. Cuando la tentación surja, sé fuerte, clama a Dios en oración, y enfócate en Su voluntad. Nunca olvides las bendiciones de tener un corazón puro delante del Señor. Un pensamiento fiel no solo glorifica a Dios, sino que también transforma toda nuestra vida.

Creciendo en una Vida de Aprecio por Nuestros Visitantes
Por Willie A. Alvarenga

De tiempo en tiempo, la iglesia del Señor tiene el privilegio de recibir visitantes que toman parte de su tiempo para acompañarnos en nuestros servicios de adoración a Dios. Personalmente, doy gracias a Dios por la bendición de tenerles entre nosotros y por la oportunidad de compartir la Palabra de Dios con ellos a través de las clases bíblicas y los sermones semanales.

La iglesia debe mostrar un aprecio sincero y genuino por la presencia de nuestros visitantes. Esta es una manifestación de madurez espiritual y una oportunidad para crecer como discípulos de Cristo. A continuación, se presentan algunas prácticas que cada cristiano puede considerar para desarrollar una vida de aprecio hacia los que nos visitan:

Para crecer en una vida de aprecio por nuestros visitantes, el cristiano debe:

  1. Recordar que quienes visitan nuestros servicios necesitan escuchar el evangelio de Cristo (Marcos 16:15–16).
  2. Recordar que estamos llamados a amar a nuestro prójimo (Marcos 12:31).
  3. Recordar que nosotros también fuimos visitantes alguna vez.
  4. Sentarse cerca de ellos para que se sientan acompañados y bienvenidos.
  5. Acercarse y presentarse, mostrando interés genuino en conocerles.
  6. Compartir una Biblia, en caso de que no tengan una a la mano.
  7. Informarles con amabilidad sobre la ubicación de los baños y salones para niños.
  8. Entregarles una copia del boletín informativo de la congregación.
  9. Ofrecerles un paquete de bienvenida preparado con amor y atención.
  10. Hacer todo lo posible para que se sientan cómodos durante su visita.
  11. Respetar su espacio, sin presionarles a hacer nada que no deseen.
  12. Presentarles al predicador, ancianos, diáconos y otros miembros.
  13. Invitarles al convivio o actividades especiales si se están realizando.
  14. Considerar invitarles a comer, si es posible, después del servicio.
  15. Orar por ellos, tanto en lo privado como en lo congregacional.
  16. Tratarles con amabilidad y calidez, de modo que deseen volver.
  17. Reflejar a Cristo en nuestro comportamiento y actitud hacia ellos.
  18. Invitarles a un estudio bíblico, si muestran interés después de varias visitas.
  19. Verles como almas que necesitan del amor y la salvación de Dios.
  20. Considerarles como futuros miembros del cuerpo de Cristo.

Que Dios nos ayude a crecer en esta área tan importante de la vida cristiana. Recordemos que Jesús siempre mostró compasión, interés y amor por aquellos que necesitaban conocer a Dios. Que cada visitante que llegue a nuestras reuniones pueda ver en nosotros el amor de Cristo reflejado con claridad.

Creciendo en una vida de buenas decisiones 

Willie A. Alvarenga

No hay un día en la vida de las personas donde no se encuentren con la oportunidad de tomar decisiones. Tomamos decisiones en el contexto de nuestros trabajos, pasatiempos, familia, escuela, etc. Las decisiones que se toman muchas veces resultan en efectos positivos o negativos. Todos tenemos la libertad de hacer decisiones. La pregunta es, ¿Qué puedo hacer, como cristiano, para lograr tomar sabias decisiones en la vida? A continuación, se presentan varios principios que se deben de tener en cuenta para crecer en una vida de buenas decisiones. 

Para tomar buenas decisiones y crecer en ello, el cristiano debe…

  1. Tener en cuenta que las decisiones que uno tome resultarán en algo positivo o negativo para mi vida (Gal. 6:7).
  2. Tener en cuenta que Dios debe ser parte de las decisiones que tomemas para que estas sean conforme a Su voluntad.
  3. Llenar su corazón de la Palabra de Dios para que ella le aconseje en el camino correcto (Sal. 119:24, 105).
  4. Procurar una vida de oración donde se le pide a Dios sabiduría para tomar sabias decisiones (Stg. 1:5-7).
  5. Procurar compañías que puedan ser una influencia positiva en la toma de decisiones (Pro. 13:20; 1 Cor. 15:33).
  6. Pensar sabiamente si la decisión que va a tomar le ayudará en su vida espiritual o lo apartará de Dios.
  7. Tener en cuenta el impacto que su decisión tendrá en su familia (Josué 24:15).
  8. Tener en cuenta el impacto que su decisión tendrá en la vida de nuestros hermanos en Cristo (2 Tim. 4:10, 14-17).
  9. Tener en cuenta el consejo de los demás para que esto nos ayude a tomar sabias deciciones (Pro. 8:33).
  10. Tener en cuenta que si toma una decisión basado en su propia prudencia, puede que las cosas no terminen bien (Prov. 3:3-5).
  11. Tener en cuenta las consecuencias de sus decisiones (Prov. 14:12; 16:25).
  12. Tener en cuenta que en ocasiones, cuando se toman sabias decisiones, esto puede que traiga aflicción a nuestra vida, pero Dios nunca desamparará a Su pueblo (Gen. 39).
  13. Tener en cuenta que el tomar sabias decisiones le ayudará a estar en el cielo un día.

Dios sea quien siempre provea y bengida a Su pueblo con la sabiduría para siempre tomar decisiones que le den la honra y gloria a nuestro Padre celestial, y que a la vez, traiga bendición a la obra del Señor. Por tanto, trabajemos arduamente para pensar sabiamente antes de tomar decisiones en nuestra vida. 

Creciendo en una vida de servicio durante nuestra próxima reunión de matrimonios 

Willie A. Alvarenga

Estamos a solo unos días de celebrar nuestra reunión anual de matrimonios, un evento que se ha convertido en una bendición para los matrimonios de nuestra congregación y también para los visitantes que nos acompañan. Este encuentro es una hermosa oportunidad para aprender principios prácticos y Bíblicos sobre el matrimonio, directamente de la Palabra de Dios.

En esta ocasión, contaremos con la participación de nuestro hermano Elbin J. Hernández, originario de Honduras y actual residente en la ciudad de Knoxville, TN, donde sirve como predicador local en la congregación de West End. Además, está próximo a completar sus estudios en la Escuela de Predicación de Brown Trail. Confiamos plenamente en que el hermano Elbin traerá un mensaje edificante y bíblicamente sólido, para gloria de Dios y crecimiento de los matrimonios presentes.

Cada actividad congregacional representa una oportunidad especial para crecer en el servicio cristiano. Durante esta reunión, muchos hermanos estarán sirviendo en distintas áreas:

Algunos prepararán alimentos para compartir. Hermanas estarán listas para enseñar a los hijos de los matrimonios presentes. Invitaciones ya están disponibles para que podamos invitar a amigos, vecinos y familiares a escuchar la Palabra de Dios.

Agradecemos sinceramente a nuestros ancianos por su continuo apoyo a la obra hispana. Su liderazgo, oraciones y palabras de ánimo son de gran bendición para toda la congregación.

Para que podamos crecer en esta área de servicio, le sugiero tenga en cuenta la siguientes información.

  1. Que nuestro servicio y participación sean para agradar a Dios (Col. 3:23).
  2. Que sirvamos con el deseo de trabajar con diligencia en la obra del Señor (1 Cor. 15:58).
  3. Que busquemos edificar a la congregación y fomentar la unidad entre nosotros (Fil. 2:1-4).
  4. Que aprovechemos este evento como una oportunidad para evangelizar a matrimonios y familia (Hch. 10:24).
  5. Que todo lo que hagamos sea hecho con amor genuino y entrega sincera (Jn. 13:34-35; 1 Corintios 16:14).

Confío en el Señor —y en cada uno de mis hermanos— que esta actividad será una ocasión en la que Dios será glorificado y los matrimonios serán edificados. No todas las congregaciones tienen el privilegio de realizar eventos como este. Por ello, aprovechemos esta oportunidad con gratitud, excelencia y compromiso espiritual.

“Todas vuestras cosas sean hechas con amor”

(1 Corintios 16:14).

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de pleno gozo en el Señor

Willie A. Alvarenga

La Palabra de Dios nos presenta varios pasajes que destacan el gozo del cristiano. Dos de mis favoritos se encuentran en Hechos 8:39 y 16:34. Ambos versículos ilustran el gozo genuino que experimenta una persona al obedecer el evangelio de Jesucristo. En el caso del etíope eunuco, el texto dice: “Y siguió gozoso su camino”. En cuanto al carcelero de Filipos, se nos dice: “Y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios”.

Estos ejemplos nos recuerdan que el gozo es una parte esencial de la vida cristiana. Sin embargo, tristemente, algunos cristianos parecen olvidar la alegría que brota de la salvación, y con el tiempo se tornan personas amargadas, críticas o pesimistas respecto a todo lo relacionado con la fe. Esto no debería ser así. El gozo del cristiano no es pasajero ni superficial, sino una realidad permanente que debe acompañarnos durante toda nuestra vida, e incluso hasta la eternidad.

Recordemos que en Cristo estamos completos (Colosenses 2:10); por lo tanto, no hay razón para vivir dominados por la amargura o la tristeza. Más bien, debemos procurar una vida llena del gozo que viene del Señor.

Entonces, surge una pregunta importante: ¿Qué puede hacer el cristiano para cultivar una vida de gozo constante en el Señor? A continuación, se presentan algunas maneras de lograrlo:

El cristiano puede crecer en una vida de pleno gozo en el Señor…

  1. Recordando que el regocijarnos en el Señor es un mandamiento apostólico (Fil. 4:4). El verbo “regocijaos” se encuentra en modo imperativo, lo cual denota una orden que se debe obedecer. Seamos obedientes a la Palabra de Dios y trabajemos en este importante gozo.
  2. Recordando que el gozo en el Señor se puede experimentar aun en medio de las dificultades (Col. 1:24; Hch. 16:25). Cualquier sufrimento en el Señor o por Su causa que experimentemos en la vida, debería de motivar al cristiano a gozarse en gran manera (1 P. 4:16).
  3. Recordando que en el cristianismo la vida no será fácil (Hch. 14:22; 2 Tim. 3:12). La vida no fue fácil para los profetas, Juan el bautista, Jesús, los apóstoles o la iglesia del primer siglo. Si ellos reconocieron esta verdad y se gozaron, nosotros debemos hacer lo mismo (Mt. 5:10-12).
  4. Recordando que la vida del cristiano ofrece suficientes razones por las cuales podemos gozarnos en el Señor. El cristiano que se encuentra en Cristo goza de TODAS las bendiciones espirituales (Ef. 1:3). Somos un pueblo grandemente bendecidos por Dios.
  5. Recordando que todo lo que hacemos por el Señor no es en vano (1 Cor. 15:58; Heb. 6:10). Nuestro servicio a Dios siempre será recompensado por Él. Esto produce mucho alegría en la vida del cristiano. Así que, mis hermanos, vivamos una vida de pleno gozo en el Señor. Trabajemos arduamente para que nuestro gozo nunca se apague o termine por completo.  

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de integridad

Willie A. Alvarenga

La integridad es una virtud fundamental en la vida cristiana. Este sustantivo describe una cualidad de carácter que distingue a una persona honesta, coherente, recta y digna de confianza. Una persona íntegra actúa de forma constante conforme a principios morales sólidos, sin doblez ni hipocresía. Y esta es precisamente la clase de personas que Dios desea que seamos.

La integridad no solo fortalece nuestro carácter como cristianos, sino que también impulsa el crecimiento espiritual y transforma al creyente en un ejemplo digno de imitación. Cada hijo de Dios debe esforzarse por cultivar esta virtud en su vida diaria.

Además, la integridad nos protege del pecado y nos anima a vivir en obediencia a los mandamientos del Señor. El cristiano íntegro pone a Dios en primer lugar, lo ama con todo su corazón, y lo sirve con diligencia y fidelidad.

Es, sin duda, una gran bendición. La Palabra de Dios enseña que solo aquellos con un corazón íntegro y fiel entrarán en el cielo (Apocalipsis 21:27).

Teniendo esto en cuenta, consideremos algunas formas prácticas para cultivar la integridad en nuestra vida:

¿Cómo cultivar la integridad como cristianos?

  1. Realizar un autoexamen espiritual
    Evalúa sinceramente si la integridad está presente en tu vida (2 Corintios 13:5).
  2. Recordar tu propósito en esta vida
    Vive con enfoque eterno: Cristo es tu razón de vivir (Filipenses 1:21; Mateo 6:33; Colosenses 3:1-4).
  3. Alejarte del pecado
    Rechaza activamente todo lo que ofende a Dios (1 Pedro 2:1; Colosenses 3:5).
  4. Estudiar la Palabra de Dios con diligencia
    Fortalece tu corazón con la verdad divina (2 Timoteo 2:15; Salmo 119:11; Hechos 20:32).
  5. Orar pidiendo sabiduría y un corazón íntegro
    Dios responde al corazón sincero (Santiago 1:5-6; Salmo 51:10).
  6. Mantener comunión constante con Dios
    Acércate a Él cada día (Santiago 4:8).
  7. Rechazar el amor al mundo
    No permitas que las cosas terrenales desvíen tu lealtad (1 Juan 2:15-17; Santiago 4:4).
  8. Evitar compañías que corrompen tu carácter
    Rodéate de personas que te acerquen a Dios (1 Corintios 15:33; Proverbios 1:10).
  9. Aprender del ejemplo de Cristo
    Él es nuestro modelo perfecto de integridad (1 Pedro 2:21; 1 Corintios 11:1; Mateo 11:28-30).
  10. Meditar en las bendiciones de la vida íntegra
    Dios honra a quienes viven con rectitud (Mateo 5:1-16).
  11. Añadir a tu vida las virtudes del crecimiento espiritual
    Cultiva el carácter cristiano intencionalmente (2 Pedro 1:5-11).
  12. Recordar la seriedad de vivir sin integridad
    Sin ella, no podremos entrar en el cielo (Apocalipsis 21:27).
  13. Esforzarte por ser un ejemplo a los demás
    Vive de forma que inspires a otros en su fe (Tito 2:6-7; 1 Timoteo 4:12).
  14. Alinear tus acciones con la Palabra de Dios
    Sé hacedor, no solo oidor de la verdad (Santiago 1:22-25).
  15. Amar a Dios con todo tu corazón
    Que tu amor por Él sea el motor de tu vida (Marcos 12:30).

La integridad no es una opción para el cristiano, sino un llamado. Nos define, nos guía y nos prepara para la eternidad. Que Dios nos ayude siempre a procurar una vida íntegra, para Su gloria y nuestro bien eterno.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de pensamiento crítico

Willie A. Alvarenga

¿Qué es el pensamiento crítico?

Cuando investigamos este concepto, descubrimos que el pensamiento crítico es el arte de analizar y procesar cuidadosamente la información que buscamos comprender o aplicar. Este tipo de pensamiento es esencial en la vida del cristiano, especialmente en una época saturada de ideas contradictorias, enseñanzas erróneas y opiniones influyentes que, muchas veces, se oponen a la verdad de Dios.

La importancia del pensamiento crítico no es una invención moderna; está profundamente arraigada en las Escrituras. Dios, por medio del apóstol Pablo, nos exhorta claramente a ejercer discernimiento:

“Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21).

En este pasaje, el verbo “examinad” está en tiempo presente y en modo imperativo. El tiempo presente implica una acción continua, mientras que el modo imperativo indica que se trata de un mandamiento, no de una sugerencia. El término griego traducido como “examinar” conlleva la idea de probar, analizar, evaluar —como cuando se prueba la autenticidad de un metal precioso. El objetivo de esta examinación espiritual es claro: distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre lo bueno y lo malo.

Dios nos ha dotado con la capacidad de discernir, de examinar lo que escuchamos, vemos y creemos. Esta habilidad no es solo una herramienta intelectual, sino una bendición espiritual. Él nos la ha dado para que no seamos engañados por el error o arrastrados por falsas enseñanzas:

“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas…” (Colosenses 2:8)
“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios…” (1 Juan 4:1)
“Guardaos de los falsos profetas…” (Mateo 7:15)

La advertencia es clara: no todo lo que parece correcto lo es, y no todo lo que se presenta como verdad proviene de Dios.

El libro de Proverbios también subraya la importancia de aplicar el pensamiento crítico. Dice:

“El simple todo lo cree; mas el avisado mira bien sus pasos” (Proverbios 14:15).

Aquí, el “simple” representa a la persona ingenua, que carece de discernimiento y acepta todo lo que oye sin cuestionarlo ni evaluarlo. En contraste, el “avisado” (prudente) examina cuidadosamente cada paso que da. 

El crecimiento en el pensamiento crítico es una necesidad espiritual. No se trata de una actitud de duda constante, sino de una fe informada, sólida y vigilante. Es un compromiso con la verdad, un ejercicio continuo de discernimiento, y una forma de honrar a Dios con nuestra mente.

Como cristianos, estamos llamados a vivir con convicción, pero también con sabiduría. Y la sabiduría comienza cuando aprendemos a pensar con intención, a examinarlo todo, y a retener solo lo que es bueno conforme a la Palabra de Dios.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de concentración diligente durante la exposición de la Palabra de Dios

Willie A. Alvarenga

La predicación de la Palabra de Dios es una bendición invaluable para todos aquellos que desean hacer Su voluntad. A través de la exposición fiel de las Escrituras, el pueblo de Dios es edificado espiritualmente (Hechos 20:32) y fortalecido en el conocimiento del Señor (2 Pedro 3:18).

Por esta razón, es fundamental que los cristianos escuchen con atención y reverencia cuando la Palabra es predicada. La actitud que mostramos ante la predicación refleja nuestro respeto hacia Dios y nuestro deseo sincero de obedecerle.

Un ejemplo claro de esta reverencia se encuentra en Nehemías 8, donde el pueblo de Israel mostró una disposición admirable al escuchar la lectura de la Ley. Nehemías 8:3 dice:

“Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley”.

Y en Nehemías 8:5 leemos:

“Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento”.

Estas Escrituras nos muestran la actitud que cada creyente debe cultivar: un corazón dispuesto, una mente enfocada y un profundo respeto por la Palabra de Dios. Así como ellos escucharon con atención por varias horas, nosotros también debemos esforzarnos por mantenernos concentrados cuando se expone la Escritura.

Con esto en mente, consideremos algunas formas prácticas para cultivar una vida de concentración y reverencia ante la predicación de la Palabra de Dios.

  1. Reconozca que la predicación de la Palabra de Dios ayuda a lograr un crecimiento y alimentación adecuada (1 P. 2:1-2; Hch. 20:32; 2 Tim. 3:17).
  2. Reconozca que lo que estamos escuchando es la Palabra de Dios (2 Tim. 4:1-2; 3:16-17).
  3. Reconozca que la Palabra de Dios se merece nuestra más diligente reverencia (Neh. 8).
  4. Reconozca la importancia y necesidad de alejarse de las distracciones que le impidan escuchar atentamente a la predicación.
  5. Reconozca e identifique las lecciones prácticas que debe aplicar a su vida (Stg. 1:22-25).
  6. Reconozca la importancia de la preparación personal y espiritual antes de venir a escuchar la Palabra de Dios (No se duerma tarde, levántese temprano para no llegar tarde, etc.).
  7. Reconozca la necesidad de recibir con mansedumbre la Palabra de Dios (Stg. 1:21).

Estas cosas nos pueden ayudar a cultivar un corazón preparado para estar completamente enfocados y concentrados durante la exposición de la Palabra de Dios. 

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida libre de excusas para no hacer la voluntad de Dios

Willie A. Alvarenga

Es común escuchar ciertos dichos populares entre quienes constantemente buscan excusas para no hacer lo que deben. Uno de ellos dice: “El que quiere, puede; y el que no, encuentra excusas” En un contexto espiritual, esto refleja la actitud de quienes, en lugar de comprometerse con la obra del Señor, prefieren justificar su inacción. Otro dicho afirma: “Desde que se inventaron las excusas, se acabaron los culpables” Tristemente, muchos utilizan excusas para no asistir a los servicios de la iglesia, para llegar tarde, o para no apoyar las actividades congregacionales.

Las excusas son muy comunes entre quienes no están verdaderamente comprometidos con el Reino de Dios. Es mi oración que el pueblo del Señor no se dedique a inventar excusas, sino que se entregue con todo el corazón a cumplir la voluntad divina.

El apóstol Pedro nos recuerda que Dios nos ha dado “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” (2 Pedro 1:3). También tenemos ejemplos en la Biblia de personas que dieron excusas, como lo muestra la parábola de la gran cena (Lucas 14:16–24).

A continuación, se presentan varios principios prácticos para crecer en una vida libre de excusas y comprometida con hacer la voluntad de Dios:

Para evitar las excusas en el servicio a Dios y crecer espiritualmente, el cristiano debe:

  1. Comprender profundamente la parábola de la gran cena (Lucas 14:16–24).
    Esta parábola fue enseñada para advertirnos contra el peligro de justificar nuestra falta de compromiso con excusas.
  2. Reconocer el mandato divino y apostólico de trabajar diligentemente en la obra del Señor (1 Corintios 15:58).
    El servicio fiel no es opcional, sino un llamado claro para todos los creyentes.
  3. Tener presente que la falta de compromiso espiritual puede conducir al castigo eterno (Apocalipsis 21:8; 3:15–16).
    La tibieza espiritual es rechazada por Dios.
  4. Entender que el trabajo constante en la obra del Señor contribuye al crecimiento espiritual y numérico de la iglesia (Libro de los Hechos).
    La iglesia crece cuando sus miembros se involucran activamente.
  5. Pedirle a Dios en oración que le ayude a vencer las excusas (Santiago 1:5–6).
    La sabiduría divina es clave para tomar decisiones correctas.
  6. Imitar el ejemplo de los profetas, de Jesús, de los apóstoles y de la iglesia del primer siglo (1 Corintios 11:1; Filipenses 3:17; 3 Juan 11).
    Ellos vivieron con un compromiso total hacia Dios.
  7. Recordar el compromiso genuino que hizo con Dios al obedecer el evangelio (Filipenses 1:21; Hechos 2:42).
    Un verdadero discípulo no olvida su promesa de fidelidad.
  8. Reconocer que la obra del Señor es lo más importante en la vida (Mateo 6:33; Colosenses 3:1–4).
    Todo lo demás debe estar subordinado al Reino de Dios.
  9. Comprender que las excusas no llevarán adelante la obra del Señor (1 Tesalonicenses 2:18).
    Solo el compromiso y la acción producen fruto.
  10. Tener claro que las excusas serán un obstáculo para su crecimiento espiritual (1 Corintios 15:58; Mateo 6:33; Marcos 12:30).
    No se puede avanzar espiritualmente si siempre hay una excusa para no obedecer.

Que sea Dios quien ayude a Su pueblo a cerrar la puerta a las excusas, las cuales impiden que Su nombre sea glorificado. Trabajemos, entonces, con todo nuestro ser para cumplir Su voluntad, sabiendo que nuestro trabajo en el Señor “no es en vano” (1 Corintios 15:58).

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de servicio a Dios durante la juventud
Willie A. Alvarenga

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos una lista inspiradora de jóvenes que, aun en su corta edad, tomaron la valiente decisión de comprometerse con el servicio a Dios. Ellos no se dejaron arrastrar por las distracciones ni por los retos propios de la juventud, sino que pusieron su fe, sus talentos y sus energías al servicio del Señor.

El ejemplo de su entrega, firmeza y convicción ha quedado registrado en las páginas de la Biblia para animar y fortalecer a cada generación. Su fidelidad no solo dejó huellas imborrables en la historia del pueblo de Dios, sino que también se ha convertido en un modelo digno de imitar para todos los jóvenes que hoy forman parte activa de la iglesia y que mañana serán los líderes espirituales del futuro.

La mención de cada uno de ellos en las Sagradas Escrituras tiene el propósito de proveer una motivación positiva y duradera, recordándonos que, con la ayuda de Dios, los jóvenes de hoy también pueden marcar una diferencia significativa en su tiempo.

De aquí surge una pregunta: ¿Qué puede hacer un joven para crecer en una vida de servicio a Dios? A continuación, presentamos algunos principios prácticos que los jóvenes cristianos pueden poner en práctica:

  1. Amar a Dios con todo su corazón, alma, mente, cuerpo y fuerzas (Mr. 12:30; Fil. 1:21).
  2. Pedir a Dios sabiduría para imitar los buenos ejemplos bíblicos (Stg. 1:5-6; 3 Jn. 11).
  3. Buscar la compañía de personas piadosas que le ayuden en su servicio a Dios (1 Cor. 15:33; Prov. 13:20).
  4. Escudriñar cuidadosamente las Escrituras para conocer la voluntad de Dios (Ef. 5:17; 2 Tim. 2:15).
  5. Aceptar y practicar los consejos espirituales de sus padres (Ef. 6:1-3; Prov. 7:1-3).
  6. Evitar la amistad con el mundo y sus placeres (Stg. 4:4-8; 1 Jn. 2:15-17).
  7. Aprovechar sabiamente el tiempo que Dios le concede en la vida (Ef. 5:15-16).
  8. Acordarse de su Creador todos los días de su juventud (Ecl. 12:1-2).
  9. Servir fielmente a Dios con la certeza de la salvación eterna (Ap. 2:10; 2 Tim. 4:6-8).
  10. Recordar la importancia de ser un buen ejemplo (1 Tim. 4:12).

Los jóvenes deben tener presente que son tanto el presente como el futuro de la iglesia del Señor. Poseen un gran potencial para servir a Dios con pasión y dedicación, tal como lo hicieron aquellos grandes jóvenes que la Biblia menciona. Nuestra oración es que Dios bendiga abundantemente a cada joven que tiene el deseo sincero de servir al Creador de los cielos y la tierra.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de amor en el matrimonio

Willie A. Alvarenga

El matrimonio es una de las más hermosas bendiciones e instituciones que Dios ha establecido para el hombre. Su propósito es que los esposos disfruten plenamente de esta unión y encuentren gozo en ella. Según las Escrituras, el matrimonio está regulado por principios divinos que, al ser respetados, aseguran una vida conyugal conforme a la voluntad de Dios.

Entre estos principios, el amor ocupa un lugar central. Por ello, cada matrimonio debe esforzarse en amarse mutuamente como Dios lo enseña en Su Palabra.

En este breve artículo se presentan algunas maneras prácticas en las que los esposos pueden crecer en una vida llena de amor.

Para crecer en una vida de amor en el matrimonio, se debe…

  1. Amar y respetar profundamente la Palabra de Dios (Salmo 119:97; Job 23:12; 1 Pedro 2:2).
    Cuando la Palabra ocupa un lugar prioritario en el matrimonio, no solo se estudia, sino que se vive y se pone en práctica.
  2. Amarse con un amor sincero y sin fingimiento (Romanos 12:9; Efesios 5:21-33).
    El amor genuino fortalece el vínculo matrimonial y lo convierte en una relación firme, capaz de resistir cualquier dificultad.
  3. Verse mutuamente como una bendición de Dios (Proverbios 18:22).
    El esposo debe considerar a su esposa como un regalo especial de Dios, y la esposa debe hacer lo mismo con su esposo.
  4. Alegrarse en la bendición de tenerse el uno al otro (Proverbios 5:18).
    Compartir la vida juntos debe ser motivo de gozo constante. Disfruten de cada momento y conserven viva esa alegría.
  5. Cuidarse mutuamente con dedicación (Efesios 5:25-28; Colosenses 3:19).
    Así como cuidamos de nuestro propio cuerpo, debemos procurar siempre el bienestar físico, emocional y espiritual del cónyuge.
  6. Recordar que el matrimonio es para toda la vida (Mateo 19:1-9).
    La bendición de envejecer juntos, tomados de la mano, es un privilegio divino que debe valorarse y disfrutarse cada día.
  7. Respetar las responsabilidades dadas por Dios a cada uno (Efesios 5:21-33; Colosenses 3:18-19).
    Cuando cada cónyuge cumple con amor su papel dentro del matrimonio, el hogar se fortalece y recibe abundantes bendiciones de Dios.

Animamos a cada matrimonio a crecer en una vida de amor sincero y duradero. Disfruten plenamente de esta bendición divina y recuerden que el propósito del matrimonio es también glorificar a Dios. Que nuestras familias reflejen siempre la honra y la gloria que el Señor merece.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de total confianza en Dios
Willie A. Alvarenga

La confianza en Dios es fundamental para todo cristiano. Sin ella, careceríamos de una base segura en este mundo. Nuestra confianza en Dios se fundamenta en el conocimiento pleno de quién es Él y de lo que ha hecho por Su pueblo.

A lo largo de la Biblia, podemos observar cómo Dios siempre ha provisto para todas las necesidades de Su pueblo. Jamás ha descuidado a quienes le sirven fielmente. Nuestro Padre celestial ha sido y es fiel a todas Sus promesas. Como dice Josué 21:45:

“No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió”.

Este versículo es solo un ejemplo de la fidelidad de Dios, quien cumple lo que promete, porque Él no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta (Números 23:19).

Lamentablemente, muchos cristianos no confían en Dios como deberían. Por ello, es imperativo crecer en una vida de total confianza en Él.

A continuación, se presentan principios prácticos para lograr este crecimiento espiritual:

Para crecer en una vida de total confianza en Dios, el cristiano debe:

  1. Estudiar y meditar en las promesas de Dios y cómo Él las ha cumplido fielmente.
    (Deut. 7:9; 1 Cor. 1:9; Sal. 33:4; 77:11)
  2. Trabajar arduamente en poseer una fe que agrada a Dios.
    (Heb. 11:6; Stg. 1:6-7; Mt. 21:22; Mr. 11:24)
  3. Empapar su corazón de la Palabra de Dios.
    (Col. 1:10; 3:16; 2 P. 1:5-7; 2 P. 3:18)
  4. Mantener una vida de oración íntima con Dios.
    (Mr. 1:35; 1 Ts. 5:17; Lc. 5:16; Mt. 14:23; Sal. 5:3; 63:1; Mr. 6:46)
  5. Imitar el ejemplo de quienes confiaron plenamente en Dios.
    (Gen. 6:22; 22:1-18; Dan. 6:10-23; Sal. 23; Heb. 13:5; 2 Tim. 1:12)
  6. Amar a Dios sobre todas las cosas.
    (Mr. 12:30; Deut. 6:5; 1 Jn. 4:19; Deut. 10:12-13; Josué 22:5)
  7. Confiar en Dios en todo momento.
    (Prov. 3:5-6; Jer. 17:7-8; Sal. 37:5; Isa. 26:3-4; Sal. 9:10)
  8. Recordar que Dios bendice a quienes confían en Él.
    (Sal. 34:8-10; Prov. 16:20; Sal. 125:1)

Confiar plenamente en Dios es la decisión más sabia que un cristiano puede tomar. Crecer en esta área nos permitirá disfrutar de numerosas bendiciones, incluyendo la más grande de todas: la vida eterna.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de palabras sazonadas con sal

Por: Willie A. Alvarenga

La manera en que hablamos diariamente puede tener un impacto positivo o negativo en quienes nos rodean. Por esta razón, el apóstol Pablo escribió:

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Col. 4:6).

El sustantivo “gracia” nos recuerda mostrar favor, bondad y edificación hacia los demás, mientras que “sazonada con sal” describe un hablar que deja sabor espiritual, beneficiando a quienes nos escuchan.

El poder de nuestras palabras

No hay duda de que, si obedecemos esta exhortación, nuestras palabras traerán paz y edificación. Sin embargo, debemos recordar que lo que decimos puede bendecir o causar daño irreparable.

Pablo también exhorta a la iglesia de Éfeso:

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Ef. 4:29).

El verbo “salga” es un mandamiento presente e imperativo, indicando que debemos vigilar nuestras palabras cada día.

Principios para crecer en palabras sazonadas con sal

Para vivir de manera que nuestras palabras edifiquen, el cristiano debe:

  1. Procurar siempre palabras edificantes (Ef. 4:29; Col. 4:6).
  2. Reconocer la responsabilidad de la lengua: nuestras palabras pueden llevarnos al cielo o al infierno (Mt. 12:36–37).
  3. Llenar el corazón de la Palabra de Dios (Col. 3:16; 2 P. 3:18).
  4. Vigilar cuidadosamente lo que se dice (Sal. 34:13; 39:1).
  5. Orar constantemente para no hablar cosas malas (Sal. 141:3).
  6. Amar a nuestros hermanos, evitando palabras dañinas hacia ellos (Jn. 13:34–35; Fil. 2:1–4).
  7. Imitar a quienes hablaron con sabiduría (Mt. 11:28–29; 1 Cor. 11:1; 3 Jn. 11).

Dios nos ha dado un espíritu de poder, amor y dominio propio (2 Tim. 1:7).
Con su ayuda, podemos hablar palabras que edifiquen, animen y glorifiquen a Dios en nuestra vida diaria.

Cada palabra que salga de tu boca tiene el poder de bendecir o dañar. Que nuestras palabras siempre estén sazonadas con sal y llenas de gracia.

Creciendo en una vida libre de indiferencia espiritual

Willie A. Alvarenga

¿Qué significa la frase “indiferencia espiritual”?
De manera general, esta expresión describe el estado o actitud de una persona que no siente ni demuestra interés, afecto o preocupación por algo o alguien. En el contexto de este artículo, se refiere a la falta de interés por las cosas espirituales de Dios —aquellas que pueden ayudar al cristiano a experimentar un crecimiento que agrada al Señor.

La apatía o indiferencia espiritual es una de las enfermedades que ha afectado a muchos cristianos que no muestran los frutos del crecimiento espiritual.
¿Cuáles son los síntomas de esta condición? A continuación, se mencionan algunos:

  1. Falta de interés por asistir a las reuniones de la iglesia (Hebreos 10:25).
  2. Falta de interés en la lectura de la Palabra de Dios (1 Timoteo 4:13).
  3. Falta de interés por practicar la oración constante (1 Tesalonicenses 5:17).
  4. Falta de interés en participar activamente en las actividades de la iglesia (Mateo 6:33; 1 Corintios 15:58).
  5. Falta de interés en demostrar amor a Dios (Marcos 12:30).
  6. Falta de interés en mostrar amor fraternal hacia los hermanos (Juan 13:34–35).
  7. Falta de interés en desear estar un día en el cielo (Filipenses 3:20).

Si estos síntomas están presentes en su vida, pueden llevarle a perder su entrada al cielo eterno. Por ello, cada cristiano debe esforzarse por cultivar una vida donde no haya espacio alguno en el corazón para la indiferencia espiritual.
A continuación, se presentan algunas maneras de crecer en una vida libre de indiferencia espiritual:

Para crecer en una vida libre de indiferencia espiritual, el cristiano debe:

  1. Examinarse a sí mismo para determinar si existe la presencia de indiferencia espiritual en su vida (2 Corintios 13:5).
  2. Proponerse en el corazón mantenerse siempre ocupado en la obra del Señor (1 Corintios 15:58).
  3. Vivir una vida de entrega total a Dios, poniendo a Cristo en el centro de todo (Filipenses 1:21).
  4. Orar constantemente, pidiendo a Dios la sabiduría necesaria para alejarse de la indiferencia espiritual (Santiago 1:5–6).
  5. Permitir que la Palabra de Dios transforme su vida, renovando su mente y su corazón (2 Timoteo 3:16–17; Hechos 20:32).
  6. Mantener encendido el fuego espiritual, sirviendo con pasión al Señor (Romanos 12:11).
  7. Alejarse del amor al mundo y de los deseos que lo dominan (Santiago 4:4; 1 Juan 2:15–17; Romanos 12:1–2).
  8. Evitar las malas compañías que lo alejen de la voluntad de Dios (1 Corintios 15:33).
  9. Recordar las consecuencias eternas de no vivir fielmente delante de Dios (Apocalipsis 2:10; 21:8).
  10. Imitar el ejemplo de los grandes siervos de Dios —como Moisés, Enoc, Pablo y, sobre todo, Jesús—, quienes sirvieron con pasión y fidelidad.

¡Dios merece nuestra fidelidad!
Por tanto, procuremos siempre demostrarle nuestro amor, devoción y compromiso, viviendo cada día con un corazón encendido para Su gloria.

CRECIENDO EN EL SEÑOR

Creciendo en una vida de total respeto a su esposa

Willie A. Alvarenga

La esposa es una hermosa y preciosa bendición para el marido. Ella es un regalo divino, dado por Dios con amor y propósito, para que el hombre no caminara solo en la vida. En Génesis 2:18 leemos: “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”. Este pasaje revela claramente la bondad, sabiduría y misericordia de nuestro Dios. Él conocía la necesidad del hombre y, en su gracia, creó a la mujer como compañera perfecta, adecuada y complementaria.

Vivir sin alguien que esté a tu lado para animarte, apoyarte y levantarte cuando caes sería una carga demasiado pesada. La esposa es un apoyo moral, emocional y espiritual incomparable; a través de su presencia, palabras y acciones, Dios fortalece al marido y lo impulsa a seguir firme en su camino. Asimismo, la esposa también es instrumento de Dios para traer vida al hogar, permitiendo que la pareja procree hijos que puedan crecer en el temor del Señor y ser dedicados al servicio de nuestro Dios.

Por estas y muchas razones más, la esposa es una gran bendición espiritual para el marido. Es una expresión del amor de Dios, una ayuda idónea, una compañera fiel y un tesoro que debe ser honrado.

Por lo tanto, consideremos con seriedad y gratitud lo que los esposos pueden hacer para crecer en una vida de respeto, amor y aprecio profundo hacia sus esposas, reconociendo el valor que Dios les ha otorgado.

Para crecer en una vida de total respeto a su esposa, el marido debe…

  1. Reconcer que tener una esposa es una hermosa bendición (Prov. 18:22).
  2. Amar a su esposa con todo su corazón (Ef. 5:25).
  3. Cuidar muy bien de su esposa (Ef. 5:28-30).
  4. Honrar a su esposa como a vaso más frágil (1 P. 3:7).
  5. Evitar ser aspero con su esposa (Col. 3:19).
  6. Hablarle con respeto (Col. 4:6).
  7. Reconocer que su esposa es una ayuda idónea (Gen. 2:18).
  8. Esforzarse por ser el guía espiritual del hogar (Josué 24:15).
  9. Procurar a toda costa el serle fiel siempre (Heb. 13:4).
  10. Reconocer lo importante que es ella (Prov. 31:28-29).
  11. Procurar el pedir perdón cuando le ha ofendido (Ef. 4:32).
  12. Procurar siempre el proveer para sus necesidades (1 Tim. 5:8).
  13. Orar por ella todo el tiempo (Ef. 6:18).
  14. Reconcer que su esposa y él son una sola carne (Gen. 2:24).
  15. Reconcoer que su esposa es más importante que los demás (Gen. 2:24).

Creciendo en una Vida de Reverencia a Dios

Willie A. Alvarenga

El sustantivo reverencia describe una actitud de profundo respeto, honra, admiración y reconocimiento de la grandeza y santidad de Dios. El escritor de la carta a los Hebreos expresó: “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia” (Heb. 12:28). Este pasaje destaca claramente la reverencia que se le debe al Dios todopoderoso.

Lamentablemente, el mundo en que vivimos ha adoptado una actitud de irreverencia hacia Dios. En tiempos pasados, muchos aún procuraban mostrar respeto por Dios y Su Palabra; sin embargo, ese ya no es el caso en numerosos lugares. Lo más triste es que, en ocasiones, la falta de reverencia se observa incluso en la vida de algunos hijos de Dios. Por esta razón, presentamos a continuación varios principios prácticos que nos ayudarán a crecer en una vida de reverencia genuina hacia nuestro Señor.

Para crecer en una vida de reverencia a Dios, el cristiano debe…

1. Procurar entender quién es Dios

Cuando comprendemos quién es Dios, reconocemos que Él merece nuestra completa reverencia. Él es el Creador de los cielos y de la tierra (Gén. 1:1; Sal. 19:1; 33:6).

2. Reconocer la santidad de Dios

Dios es santo, y en Él no existe el pecado (1 Pe. 1:16; Hab. 1:13). La gloriosa santidad de Dios debe motivarnos a tratarlo siempre con profundo respeto y reverencia.

3. Adorarle con profunda reverencia

En Apocalipsis 4 observamos a los 24 ancianos y los cuatro seres vivientes mostrando una reverencia absoluta hacia Dios. La lección para nosotros es clara: cuando adoramos a Dios, debemos hacerlo con total concentración, respeto e intención, reconociendo Su grandeza.

4. Crecer en el conocimiento de Su Palabra

El conocimiento de las Escrituras ayuda al cristiano a familiarizarse con la voluntad de Dios y a conocer mejor Su carácter, lo cual produce reverencia.

5. Pensar con frecuencia en la importancia de mostrar reverencia a Dios

La falta de reflexión sobre la reverencia conduce a ignorarla. Algunos cristianos muestran falta de respeto en la adoración simplemente porque no piensan en la seriedad de lo que están haciendo. Cuando la adoración se convierte en rutina, se pierde el sentido de su santidad.

Es imperativo que crezcamos en una vida de total reverencia, respeto y admiración hacia nuestro Dios. Esto nos preparará para nuestro futuro encuentro con Él en la eternidad, donde viviremos adorando Su santo nombre por siempre.

Creciendo en una vida de gran aprecio por los jóvenes de la iglesia
Willie A. Alvarenga

Los jóvenes son tanto el presente como el futuro de la iglesia. Su papel es, por tanto, de suma importancia dentro de la obra del Señor. Deben ser preparados y fortalecidos para un servicio fiel hoy, en el presente de la congregación, y también para el futuro, cuando les toque asumir responsabilidades mayores en el reino de Dios. Es vital reconocer que serán ellos quienes continuarán la obra del Señor cuando nosotros, los adultos, hayamos partido para recibir nuestra recompensa con Dios.

A lo largo de toda la historia bíblica, podemos observar cómo los jóvenes han sido una gran bendición para Dios. Desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, encontramos ejemplos de jóvenes fieles que dedicaron su fuerza, energía y juventud al servicio divino.

Lamentablemente, en algunos casos, ciertos cristianos no muestran el aprecio que los jóvenes merecen. A veces parece que se les mantiene en “una sala de espera” hasta alcanzar la adultez, y solo entonces se les considera dignos de participar activamente. ¡Esto no debe ser así!

A continuación, presentamos algunas formas en las que podemos cultivar una vida congregacional que refleje un profundo aprecio y valoración por los jóvenes de la iglesia.

Para crecer en una vida de gran aprecio a los jóvenes de la iglesia, los adultos deben…

  1. No menospreciar a los jóvenes: Debemos valorar su opinión y potencial (1 Tim. 4:12).
  2. Reconocer su potencial: Ver el gran don y la capacidad que tienen para servir al Señor (Fil. 2:19-23).
  3. Recordar el ejemplo de jóvenes fieles: Aprender de quienes sirvieron a Dios en el pasado, como José (Gen. 39:1-9), Daniel, Timoteo y Tito.
  4. Acercarse a ellos con palabras de ánimo: Edificarlos con mensajes positivos y alentadores (Col. 4:5-6; Ef. 4:29; 2 Tim. 1:3-5; Fil. 2:19-23).
  5. Incluirlos en nuestras oraciones: Dedicar tiempo a orar por su crecimiento espiritual (Ef. 6:18).
  6. Animarlos a obedecer el evangelio: Guiarlos para que sigan los caminos de Cristo (Rom. 1:16; 2 Tes. 1:7-9).
  7. Fomentar su participación en la obra de Dios: Involucrarlos activamente en el servicio (Hch. 16:1-5).
  8. Equiparlos para un mejor servicio: Ayudarlos a desarrollar sus dones y habilidades para el ministerio (Ef. 4:11-16).
  9. Reconocer y agradecer sus logros: Darles gracias cuando hacen algo digno de alabanza (1 Tes. 5:18).
  10. Guiarlos hacia la eternidad: Aconsejarles y apoyarles para que un día puedan estar en el cielo (1 Tes. 4:18).

Es mi oración que todos los adultos dediquemos tiempo a animar a nuestros jóvenes a participar activamente en la obra del Señor. Cuando se sienten valorados y apreciados, se motivan a servir con entusiasmo y fidelidad.

Recordemos que nosotros también fuimos jóvenes alguna vez. Si no recibimos ánimo en nuestra juventud, cuánto más agradeceríamos que alguien nos alentara a trabajar para Dios. Seamos, por tanto, una bendición tangible para nuestros jóvenes, guiándolos y edificándolos para que sigan creciendo en el Señor.

Creciendo en una vida de auto examinación personal

Willie A. Alvarenga

La auto examinación es una parte esencial e indispensable de la vida cristiana. Por auto examinación entendemos el acto deliberado de dedicar tiempo para evaluar y examinar nuestra vida a la luz de la voluntad de Dios y en relación con la familia espiritual. Este ejercicio espiritual nos ayuda a mantenernos firmes, vigilantes y alineados con el propósito divino para nuestras vidas.

El apóstol Pablo exhortó claramente a la iglesia en Corinto a practicar la auto examinación: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe” (2 Corintios 13:5). El verbo “examínense” aparece en modo imperativo y en tiempo presente. El modo imperativo revela que se trata de un mandato divino que debe ser obedecido, mientras que el tiempo presente indica una acción continua y permanente que los cristianos están llamados a practicar a lo largo de su vida espiritual.

A continuación, se presentan varios principios bíblicos que pueden ayudar al cristiano a crecer y madurar en una vida constante de auto examinación personal y fiel delante de Dios.

Para crecer en una vida de auto examinación personal, el cristiano debe:

  1. Reconocer la necesidad y la importancia de auto examinarse a sí mismo (2 Co. 13:5; Lm. 3:40; Hag. 1:5).
  2. Reconocer la necesidad de tomar con seriedad su crecimiento espiritual delante de Dios (1 Co. 15:58).
  3. Reconocer las graves consecuencias de no practicar la auto examinación espiritual, ya que esto conduce al estancamiento y la falta de crecimiento.
  4. Reconocer la necesidad de practicar el dominio propio en todas las áreas de su vida (1 Co. 9:27; 2 Ti. 1:7).
  5. Reconocer la necesidad de permitir que Cristo sea la prioridad absoluta en su vida (Gá. 2:20; Fil. 1:21).
  6. Reconocer la necesidad e importancia de procurar con diligencia presentarse aprobado delante de Dios (2 Ti. 2:15).
  7. Reconocer la necesidad de orar continuamente a Dios, pidiendo la sabiduría necesaria para examinarnos correctamente (Stg. 1:5–6; 1 Ts. 5:17).
  8. Reconocer la necesidad e importancia de obedecer a Dios como evidencia de una fe genuina (Jn. 14:15).
  9. Reconocer la necesidad e importancia de ser un buen ejemplo para los demás (1 Ti. 4:12).
  10. Reconocer la necesidad e importancia de crecer continuamente en el conocimiento de la Palabra de Dios (2 P. 3:18; Col. 3:16).

La auto examinación personal debe formar parte de nuestra vida diaria, ya que nos ayuda a mantener una conciencia espiritual sensible y a enfatizar constantemente la necesidad de estar bien delante de Dios. Que el Señor nos ayude a no asumir jamás que todo está bien espiritualmente cuando en realidad no lo está. Reconozcamos, pues, la importancia de esforzarnos continuamente por practicar una auto examinación que sea agradable a Dios y que glorifique Su nombre.